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AGOSTO LA PRENSA DE LA ZONA OESTE 23 Años informAndo
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ni que hablar de los boniatos asados, había dis- muchas veces sólo ellos podía ver) en aquellas otro rubro bien distinto por cierto, levantar quinie-
puta por quién comía más, aunque las raciones mancha de humedad que había en las paredes la “clandestina”, tarea que por cierto era muy co-
siempre eran dispuesta según lo que indicara la de adobe pintadas de cal blanca, la imaginación mún hace cincuenta años atrás. Para no quedar-
abuela. De postre la clásica fruta, de estación y volaba, se encontraban en aquellas paredes todo se atrás, también “levantaba algo de apuesta a
si no era época, las manzanas, naranjas y bana- tipo de caras, animales, y hermosos paisajes, ¡se los burros”. Un señor era quién le proporcionaba
nas que se compraba en la feria de los jueves en era feliz con tan poco! las boletas y luego levantaba el juego. La abuela
Paso de la Arena. También algunos días para el Cuando los abuelos comenzaban a “roncar” recibía a los que iban a su casa y hacía el jue-
almuerzo tocaba postre casero. aquellos pícaros niños se deslizábamos suave- go, la redoblona era la más solicitada. El abuelo
“Qué nadie toque la fruta”, sentenciaba el mente, procurando no hacer ruido y se escabu- iba a las fábricas y comercios de la zona y “La
abuelo Florencio, es que hasta que él no diera la llían para afuera. No siempre lo lograban de pri- pequeña Lulú” iba casa por casa de los clientes
orden de que estaban a punto para comer no se mera, y se sentía el grito de, “vuelvan a la cama, fijos, me acuerdo de algunos, “Doña Nieves”, “lo
podían arrancar. Y es más, sólo los abuelos cose- ya”. de Picherno”, “lo de Chichita del Herrero” todos
chaban las frutas y verduras, que en abundancia en la misma cuadra.
había para el consumo familiar. Los frutales de la quinta El sorteo se trasmitía puntualmente a las cinco
Siesta sagrada “En mi quinta hay cien árboles bellos” como de la tarde y era común que todos sintonizaran
dijera nuestra gran poetiza, Juana de Ibarbourou. CX 10 en aquellas viejas y grandes radios a vál-
La hora de la siesta era sagrada, después de Así era, en aquel no tan extenso predio convivían vula. Cuando salía el 13, 17 o 25 seguro había
comer, levantar la mesa, ir a tirar las “sobras a los los frutales más variados, higueras “gotita de miel muchos, “que lo agarraban”; por eso al otro día
bichos” y lavar los platos, venía el religioso des- y brevas”, parral de uva “chinche”, blanca y mos- “el rancho” era un hervidero gente feliz, que ve-
canso de una hora, hora y media, no más. catel, ciruelos rojos, blancos y “botellita”, naran- nían a cobrar.
El rancho tenía una distribución básica, puerta jos, limoneros, duraznero, mandarinas, nísperos, Queda mucho para contar, los remedios ca-
al frente que ingresaba a un largo pasillo en don- castañas, manzanas, peras, guindas y un gran seros, los paseos, la lotería del domingo, los
de convergían las otras habitaciones. A la amplia nogal que daba abundante nueces. mandados, en fin si les parece les seguimos con-
cocina, la seguía “la pieza” de los abuelos, y más Aquellos frutos que se volvían inalcanzable tando. Una aclaración, “El Ro” Guerrini, se ha to-
atrás, “la pieza de los nietos” el mayor de los nie- hasta que el abuelo Florencio comenzaba a cose- mado una merecidas vacaciones, pero ya volverá
tos vivía con los abuelos desde pequeño por ende char, y trajo más que un dolor de panza, cuando también con sus historias.
era su habitación. En ella una cama grande muy aquella inocencia infantil y con la complicidad de
linda, que nadie podía tocar si él estaba, pegada una siesta, aquellos primos salían a escondidas P.D: esta narración es un “gustito” que
a la misma, otra cama era usada para el resto de a comer. Claro está, aquellas frutas estivales que queríamos darnos y con ella, rendir homenaje a
los nietos que fueran de vacaciones o estuvieran sigilosamente cortaban y comían a escondidas, mis queridos abuelos María Angélica Delgado y
de visita. Mis primos vivían en un apartamento estaban a pleno rayo del sol, entre las 14 y 15 ho- Florencio Delgado. Si, ambos Delgado, también
al fondo, pero solían estar todo el tiempo en el ras que duraba la siestita; por ende caliente pro- ésto da para otra historia…
frente, más aún si uno de nietos pequeños es- vocaban las consecuencias que todos imaginan.
taba. Allí la diversión era completa; Miguel y “La Como si fuera poco atrás venía el rezongo cuan- Myriam Villasante
pequeña Lulú” eran primos y muy compinches, do la abuela Angélica
quizás porque se llevaban sólo cinco meses de preguntaba, “quién
diferencia y porque desde muy chicos compar- comió tangerinas? Y
tieron muchas cosas, escuela, paseos, picardías la respuesta al uní-
y vivencias como ésta que les voy a contar. Era sono era de: “nadie”
acostarse y comenzaban a reír, y eso enfadaba mientras aquellos pe-
a la abuela que quería descansar. Todo comen- queñuelos despedían
zaba cuándo sentían algo que se arrastraba, y un olor que inundaba
ya sabían lo que seguía, es que la abuela tenía el lugar. Inocencia o
la costumbre de guardar una canasta de mimbre picardía de niños que
llena de frutas debajo de la cama, sí debajo de se dice, y que muchas
la cama, y ni bien se acostaba la corría para dar- veces veían con la
les la porción de postre, media manzana, media represaría, “mañana
banana y una naranja para cada uno, ese ritual no se levantan de la
les causaba mucha risa a los pequeños. Ni bien siesta hasta que yo lo
empezaban a degustar aquel manjar, cuando a haga”.
los pocos minutos se sentía otra vez, arrastrar
el canasto, es que la abuela iba por su segunda La quiniela
porción. Nuevamente las risas hasta que desde clandestina
la otra pieza, que por cierto se oía clarito, ya que
sus paredes no llegaban hasta el techo de paja, El abuelo Florencio
se sentía gritar a la abuela, “chisssss cállense era catador de vinos,
y duerman un rato”. Pero las risas “bajitas”, las pero para incrementar
muecas, gestos y hablar por señas no cesaban. la entrada de dinero,
Jugaban a quién descubría más imagen (las que, también incursionó en
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