Page 29 - Agosto 2017
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AGOSTO                                                 LA PRENSA DE LA ZONA OESTE                                               23 Años informAndo
          2017                                                                                                                                      29









          ni que hablar de los boniatos asados, había dis-  muchas veces sólo ellos podía ver) en aquellas  otro rubro bien distinto por cierto, levantar quinie-
          puta por quién comía más, aunque las raciones  mancha de humedad que había en las paredes  la “clandestina”, tarea que por cierto era muy co-
          siempre eran dispuesta según lo que indicara la  de adobe pintadas de cal blanca, la imaginación  mún hace cincuenta años atrás. Para no quedar-
          abuela. De postre la clásica fruta, de estación y  volaba, se encontraban en aquellas paredes todo  se atrás, también “levantaba algo de apuesta a
          si no era época, las manzanas, naranjas y bana-  tipo de caras, animales, y hermosos paisajes, ¡se  los burros”. Un señor era quién le proporcionaba
          nas que se compraba en la feria de los jueves en  era feliz con tan poco!                       las boletas y luego levantaba el juego. La abuela
          Paso de la Arena. También algunos días para el     Cuando los abuelos comenzaban  a “roncar”  recibía a los que iban a su casa y hacía el jue-
          almuerzo tocaba postre casero.                  aquellos  pícaros niños se deslizábamos  suave-  go, la redoblona era la más solicitada. El abuelo
             “Qué  nadie  toque  la  fruta”,  sentenciaba  el  mente, procurando no hacer ruido y se escabu-  iba a las fábricas y comercios de la zona y “La
          abuelo Florencio, es que hasta que él no diera la  llían para afuera. No siempre lo lograban de pri-  pequeña Lulú” iba casa por casa de los clientes
          orden de que estaban a punto para comer no se  mera, y se sentía el grito de, “vuelvan a la cama,   fijos, me acuerdo de algunos, “Doña Nieves”, “lo
          podían arrancar. Y es más, sólo los abuelos cose-  ya”.                                         de Picherno”, “lo de Chichita del Herrero” todos
          chaban las frutas y verduras, que en abundancia                                                 en la misma cuadra.
          había para el consumo familiar.                 Los frutales de la quinta                          El sorteo se trasmitía puntualmente a las cinco

          Siesta sagrada                                     “En mi quinta hay cien árboles bellos” como   de la tarde y era común que todos sintonizaran
                                                          dijera nuestra gran poetiza, Juana de Ibarbourou.   CX 10 en aquellas viejas y grandes radios a vál-
             La hora de la siesta era sagrada, después de  Así era, en aquel no tan extenso predio convivían   vula. Cuando salía el 13, 17 o 25 seguro había
          comer, levantar la mesa, ir a tirar las “sobras a los  los frutales más variados, higueras “gotita de miel   muchos, “que lo agarraban”; por eso al otro día
          bichos” y lavar los platos, venía el religioso des-  y brevas”, parral de uva “chinche”, blanca y mos-  “el rancho” era un hervidero gente feliz, que ve-
          canso de una hora, hora y media, no más.        catel, ciruelos rojos, blancos y “botellita”, naran-  nían a cobrar.
             El rancho tenía una distribución básica, puerta  jos, limoneros, duraznero, mandarinas, nísperos,   Queda mucho para contar, los remedios  ca-
          al frente que ingresaba a un largo pasillo en don-  castañas, manzanas,  peras, guindas  y un gran   seros, los paseos, la lotería del domingo,  los
          de convergían las otras habitaciones. A la amplia  nogal que daba abundante nueces.             mandados, en fin si les parece les seguimos con-
          cocina, la seguía “la pieza” de los abuelos, y más   Aquellos  frutos  que  se  volvían  inalcanzable  tando. Una aclaración, “El Ro” Guerrini, se ha to-
          atrás, “la pieza de los nietos” el mayor de los nie-  hasta que el abuelo Florencio comenzaba a cose-  mado una merecidas vacaciones, pero ya volverá
          tos vivía con los abuelos desde pequeño por ende  char, y trajo más que un dolor de panza, cuando  también con sus historias.
          era su habitación. En ella una cama grande muy  aquella inocencia infantil y con la complicidad de
          linda, que nadie podía tocar si él estaba, pegada  una siesta, aquellos primos salían a escondidas        P.D: esta narración es un “gustito” que
          a la misma, otra cama era usada para el resto de  a comer. Claro está, aquellas frutas estivales que   queríamos darnos y con ella, rendir homenaje a
          los nietos que fueran de vacaciones o estuvieran  sigilosamente cortaban y comían a escondidas,   mis queridos abuelos María Angélica Delgado y
          de  visita.  Mis  primos  vivían  en  un  apartamento  estaban a pleno rayo del sol, entre las 14 y 15 ho-  Florencio Delgado. Si, ambos Delgado, también
          al fondo, pero solían estar todo el tiempo en el  ras que duraba la siestita; por ende caliente pro-                ésto da para otra historia…
          frente, más aún si uno de nietos pequeños es-   vocaban las consecuencias que todos imaginan.
          taba. Allí la diversión era completa; Miguel y “La  Como si fuera poco atrás venía el rezongo cuan-                         Myriam Villasante
          pequeña  Lulú”  eran  primos  y  muy  compinches,  do la abuela Angélica
          quizás porque se llevaban sólo cinco meses de  preguntaba,     “quién
          diferencia  y porque  desde  muy chicos compar-  comió  tangerinas?  Y
          tieron muchas cosas, escuela, paseos, picardías   la respuesta al uní-
          y vivencias como ésta que les voy a contar. Era   sono  era  de:  “nadie”
          acostarse y comenzaban a reír, y eso enfadaba   mientras aquellos  pe-
          a la abuela que quería descansar. Todo comen-   queñuelos  despedían
          zaba cuándo sentían algo que se arrastraba, y   un olor que inundaba
          ya sabían lo que seguía, es que la abuela tenía   el lugar. Inocencia  o
          la costumbre de guardar una canasta de mimbre   picardía de niños que
          llena de frutas debajo de la cama, sí debajo de   se dice, y que muchas
          la cama, y ni bien se acostaba la corría para dar-  veces  veían con  la
          les la porción de postre, media manzana, media   represaría, “mañana
          banana y una naranja para cada uno, ese ritual   no se levantan  de la
          les causaba mucha risa a los pequeños. Ni bien   siesta hasta que yo lo
          empezaban a degustar aquel manjar, cuando a     haga”.
          los pocos minutos se sentía otra vez, arrastrar
          el canasto, es que la abuela iba por su segunda  La quiniela
          porción. Nuevamente las risas hasta que desde   clandestina
          la otra pieza, que por cierto se oía clarito, ya que
          sus paredes no llegaban hasta el techo de paja,    El abuelo Florencio
          se sentía gritar a la abuela, “chisssss cállense   era catador de vinos,
          y duerman un rato”. Pero las risas “bajitas”, las   pero para incrementar
          muecas,  gestos y hablar por señas no cesaban.   la entrada  de dinero,
          Jugaban a quién descubría más imagen (las que,   también  incursionó  en



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