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23 Años informAndo                                     LA PRENSA DE LA ZONA OESTE                                                  AGOSTO
          28                                                                                                                                      2017



           AL RESCATE DE LA MEMORIA


          Una historia como tantas









              sta es una historia como tantas, parecida a la  cha, a la cintura, oculta tras ella, una bolsita de  el que convivían, gallinas, gallos, gansos y pa-
          Ede muchos de ustedes, que narra las viven-     “rapé”. De tez blanca, muy blanca, rubio y muy  tos. En el medio del alboroto allí estaba la abuela
          cias cotidianas que trascurría acá, en ésta queri-  finito cabello, cubierto con boina negra, destacan  María Angélica, tirando maíz y juntando huevos
          da zona oeste.                                  más aún su profunda mirada de ojos verdes, pe-  que con gran esmero colocaba en una canasta
             Es el fiel reflejo de lo que fue una época no tan  netrantes, apacible, dulces. Allí podando el parral  de  mimbre. Al  ver  la  diminuta  figura  se  alegra
          lejana en el tiempo, pero si tan diferente, en don-  estaba Florencio, el abuelo.               y dice, “pasa mija y ayúdame a recoger”. Esta
          de la niñez era esa maravillosa etapa de la vida   Los retorcidos troncos del parral trepan sobre  tarea era por demás divertida, permitían entrar
          en que éramos felices, muy felices con casi nada.  alambres tensados y columnas de material, y es-  y jugar con las aves mientras se ayudaba a la
          Nos bastaba algunas latas, cuerdas, corchos vie-  parce sus frutos que cuelgan provocando la gran  abuela. Era una gran fiesta estar dentro del ga-
          jos, algún cartón, papel de diario y en el mejor de  tentación  de  “robar”  algunos granos.  El abuelo  llinero, la mayoría de las veces sólo había que
          los caso, “papel de estraza”, para crear los juegos  observa, esboza una diminuta sonrisa, pero aún  conformarse con tirarle las “sobras” de la comida
          más ingeniosos y fantásticos, pasába-                                                                      desde afuera.
          mos  horas  creando  y  divirtiéndonos.                                                                       Un poco más atrás estaban los co-
          Chapotear en los charcos y mojarnos                                                                        nejos al que día tras día había que sa-
          hasta las rodillas, pisar la escarcha o                                                                    lir a buscar su tan sabroso alimento,
          correr como desaforados bajo la lluvia                                                                     el  hinojo.  En  frente  desafiantes  dos
          era maravilloso.                                                                                           perros “atados”, ellos que no habían
             También era una fiesta ir a la casa                                                                     tenido la misma suerte que “Negrita”
          de los abuelos  ya  sea a pasar unos                                                                       y “Káiser” que jugueteaban por todo
          días  o  de  paseo.  La  figura  de  ellos  a                                                              el terreno al libre albedrío,
          pesar de sus rezongos y los “pellizco                                                                         Un poco más retirado el baño. Sí,
          o coscorrones” correctivo, que en esa                                                                      allá tan lejos del rancho estaba.
          época era muy común que nos dieran,
          a pesar de las siestas obligadas y algu-                                                                   La comida de la abuela
          na otra reprimenda como dejarnos sin
          ver  a  “Pilán”  o  “Bonanza”,  nos  marcó                                                                    La abuela María Angélica era más
          para  siempre; porque  siempre  primó                                                                      castaña que el abuelo, cabello negro
          el cariño y amor que nos dieron, esos                                                                      con pequeños rulitos, de comprensión
          tiempos compartidos, esa  vivencias                                                                        gruesa, siempre de vestido floreado,
          para nosotros increíbles. Por cierto, na-                                                                  delantal con peto, medias gruesas y
          die tuvo que hacer terapia para superar                                                                    unos zapatos de tela. Con más arru-
          las reprimendas o los rezongos. Lo que                                                                     gas que el abuelo a pesar que no ha-
          perduró en el tiempo fueron sus ense-                                                                      bía diferencia de edad, un poco tos-
          ñanzas, los límites que nos pusieron y                                                                     ca, se caracterizaba por su sonrisa y
          el respecto que nos trasmitieron y su                                                                      aquellos dos hoyuelos cercanos a la
          amor.                                           así sentencia: “ni se les ocurra!!!las uvas no se  comisura de sus labios.
                                                          tocan hasta que estén bien maduras” y  agrega,     La abuela  era una  “genia”  para  cocinar, ella
          Abuelo Florencio                                vaya para el gallinero  ayudar a su abuela  que  hacía la sopa más rica del mundo; el “cabello de
                                                          está recogiendo huevos.                         ángel”  y  “entrefino”  era  los  fideos  que  siempre
             Dejar volar la imaginación, cerrar los ojos y   Como correspondía por aquellos años de los  usaba y este rico alimento no faltaba nunca en la
          volver atrás, a ese tiempo lejano de nuestra ni-  ’60, no pasaba ni por asomo, contradecir la orden  mesa, tanto para el almuerzo como para la cena.
          ñez. Entonces lo visualizo, allí bajo el parral, tijera  de los mayores y allá se iba.             Una vez a la semana puchero, guiso, la pasta
          de podar en mano, camisa impecablemente blan-      En el fondo, retirado unos metros apenas del  casera de jueves y domingos (preferentemente
          ca, -lavada con “azul” y planchada con “almidón”-  viejo rancho  de  “adobe  y  paja”  el  gran  galline-  tallarines y ravioles) eran acompañado de varia-
          bombacha azul, alpargatas negras, faja azul, an-  ro -con árbol dentro incluído- era el recinto en  dos menú. Todo era un deleite para el paladar, y
                 Arena                                      NEMAR                                          SALÓN ITALIA


           Pedregullo                                                                                       Recargas de celulares / Juegos en red
                                                               AÑOS DE
            Gramillín                                       EXPERIENCIA                                     Arts. Escolares / Fotocopias / Golosinas
                                                                                                             Helados y bebidas / Diarios y revistas
                                                                                                                       Regalos / Bijouterie
               Balasto                    por créditos          AVALAN
                                            Consulte

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