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SETIEMBRE LA PRENSA DE LA ZONA OESTE 25 Años informando
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DEL VÍNCULO CON ELLOS. calle. Era difícil estar en regla con todo aunque se día, “el Rulo” no puede ir y salgo yo en su lugar. Noté
La mayoría era gente de trabajo, honesta y intentara, por lo tanto lo mejor era eludir ese con- que la cara de los comerciantes no era de buenos
cumplidora. Un pequeño porcentaje de pícaros trol, generándose de esa forma todo el juego del amigos, algunos compraban y otros mostraban que
siempre existió. Se estilaba el sistema de, “partida gato y el ratón. No era fácil porque no había celu- todavía quedaban botellas de anteriores viajes. Todo
en fondo”, o sea que la primera vez se dejaba de- lares ni nada parecido, pero de repente llegando se veía difícil hasta que me di cuenta qué era lo que
terminada cantidad de mercadería y al siguiente a un comercio el dueño decía: “Te llamaron de pasaba. Resultó que el socio de Alburquerque, era
viaje se abonaba y se reponía lo vendido. Como este número”. Un colega vio o fue fiscalizado por inspector de la Intendencia en la parte de habilita-
“el cigarrero” y “el kerosenero” sólo vendían al los inspectores y avisó a la bodega y, desde allí, ción comercial, carné de salud, etc. Este buen señor
contado, a veces pasaba que llegaba “el vinero” rastrearon el recorrido para avisar. Durante años se presentaba como inspector y siempre encontraba
y el almacenero decía: “Paahhh…, vos sabés que hubo un cuco de los repartidores llamado: “El 20”. alguna falta, y allí les decía que además vendía vino
recién estuvo el cigarrero y me dejó sin un man- Era un Jeep de la Dirección General de Impues- y que con una pequeña compra el tema quedaba
go”, y todavía agregaba:”… y no me queda nada tos Internos, cuya matrícula era número 20 y era arreglado. Por supuesto que la primera compra es-
de vino”. En situaciones así, o se le dejaba igual el utilizado en los recorridos inspectivos. taba segura, pero la continuidad no tanto. Traje esa
la mercadería (aumentando una deuda), o te ibas novedad a casa y mi padre, que no había intervenido
(posibilidad de perder el cliente y por supuesto no RETORNOS TRISTES. en el arreglo, ni nunca vio al Sr. Alburquerque, dijo
cobrar la deuda). Entonces, con la mejor de las El vino, mal o bien se vendía, pero además que paráramos eso. Y así terminó una venta que tan
sonrisas, decías: “No hay problema, vuelvo más algunos llevábamos frutas y verduras de la propia lindo había pintado al inicio.
tarde” con la incertidumbre de qué pasaría en ese granja. Ese rubro en general, tenía poca acepta-
nuevo encuentro, porque si se demoraba poco, te ción volviendo a casa como había salido. Des- FINALIZANDO.
decía: “Sabés que no junté nada”, y si se demora- cargarlo producía tristeza y sensación de fracaso. Bueno, sufridos lectores. ¡Basta! Más que su-
ba mucho te decía: “Como me dejaste sin nada, ¡Como que lo tuyo no vale…! Duele. ficiente por hoy. Probablemente he aburrido y soy
justo vino otro y le tuve que comprar”. Así que, consciente de ello. Sucede que esta era la opor-
como trabajo agregado, teníamos que andar “ras- LOS VENDEDORES. tunidad para dejar documentado vivencias de
treando” al del querosén y al de los cigarros, para Como conté más arriba, era en general la fa- quienes fueron en un momento los repartidores
llegar nosotros antes que ellos a los comercios. milia la que se encargaba de ese trabajo. Pero de la industria vitivinícola. Hoy esa franja laboral
para crecer, la única posibilidad era contratar per- ya no existe, o por lo menos con aquellas carac-
DE LOS DESPRECIOS. sonal. En nuestro caso contratamos a un señor terísticas, y sin duda con aquellas proporciones.
Había de todo. Gente que respetaba un trato de nombre Raúl Infante, gallego también, guar- Fue algo que se dio, que pasó y que ya es histo-
comercial de igual a igual; te veían entrar y ya te da de Cutcsa, y que sin duda tenía una gran ca- ria. Conté mi experiencia, pero tengan por seguro
decían: “Pasá, pasá, y fijate el vacío”, iniciando pacidad vendedora, lo que, sumado a su amplio que la idea es ilustrarlos sobre el tema. Fui yo,
el contacto, más allá que al final comprara o no. conocimiento de otros gallegos baristas y alma- podría haber sido cualquier otro colega. Sin duda
En el otro extremo, gente (no sé si lo eran) que ceneros, lo transformó en un gran vendedor. Lo habrá matices pero el alma de lo referido es la
te ignoraba. Entrabas al comercio, decías buenos malo de la historia es que al final hizo un fraude misma en todos los casos.
días y como estaban atendiendo ni te miraban, y al ir la policía a buscarlo, ya estaba en España. Es con cariño que me despido de Uds., y les
ni te contestaban. Atienden uno, otro, otro, y el digo: Hasta la próxima.
pobre vinero sentado en las bolsas de afrecho o VENDEDORES CHANTAJISTAS.
de maíz conversando con el gato. Al final cuando En determinado momento, aparece en la bodega Rómulo Guerrini
queda nadie, se digna mirar y preguntar, como si un señor muy educado y muy bien vestido, plantean-
nunca te hubiera visto: “¿Qué era lo tuyo?” do vender vino en los comercios céntricos de Mon- PALMlAáCÉtNaLnooss
“El Vinero” tevideo. Su apellido era Alburquerque y los vinos te-
“¡Aaahhh…, Completo!” nían que llevar su nombre. Su ganancia era comisión
Con una mueca, más que sonrisa: “Hasta la por ventas. Se preparó un camión cargado con dife-
vuelta, gracias.” Y por dentro: “h. de p., no me po- rentes tipos de vinos, todos con su marca como ha-
días haber atendido antes, ¡y con lo que me debés!” bía pedido. Salieron al reparto Raúl López, (el Rulo)
como responsable de conducir y descargar los pedi-
DE LOS INSPECTORES. dos; el Sr. Alburquerque y otro vendedor, socio suyo.
El gobierno fiscalizaba la calidad de los pro- Resulta que superaron todas las expectativas y al
ductos y el pago de los impuestos. Para ello, ade- principio en cada viaje vendían prácticamente toda
más de los controles en las bodegas, tenía equi- la mercadería. Poco a poco la venta fue descendien-
pos móviles que detenían a los camiones en la do, cosa que no llamaba la atención, hasta que un
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