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23 Años informAndo LA PRENSA DE LA ZONA OESTE SETIEMBRE
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AL RESCATE DE LA MEMORIA
Zapatero a tus zapatos
uchas veces hemos oído esta expresión a mercado industrial y comercial que no nos atañe nes o con primorosos zapatitos de bebé. Sí recuer-
Mpropósito de situaciones cotidianas que nos analizar. do la etapa de hombre primitivo: siempre descalzo.
recuerdan que cada uno de nosotros tiene que ¿Fue siempre así? Parece que no. No nos ima- Nadie me rezongaba, era costumbre. Volver de la
ocuparse de lo que sabe, o en lo que es diestro, ginamos al hombre primitivo calzando Hush Pup- escuela al mediodía y tener toda la tarde para mí,
dejando para otros las tareas o temas en los cuales pies o a la mujer primitiva con un estilizado Ricky en total libertad, entre los hombres que trabajaban
no somos los mejores. Nada tan cierto, nada tan Sarkany. la quinta y… ¡descalzo! Lo recuerdo con enorme
verdadero, razones que explican la permanencia Como en toda sociedad, los primeros en acce- placer y agradecimiento. ¿Vemos hoy niños des-
en el tiempo del mencionado refrán, y con vigencia der a un beneficio son las clases más acomoda- calzos? ¡No! Para nosotros era normal. José, un
plena. das. En este caso fueron reyes, integrantes de la inmigrante ruso que trabajaba en la quinta, jamás
¿Es que nos ocuparemos hoy del refranero? corte, el clero, etc., los que inicialmente protegie- se calzaba. Nosotros niños, mis amigos y yo, en
Sería interesante, pero el Rescate de la Memoria ron sus pies. la hora de descanso íbamos con él y jugábamos
nos lleva, en esta oportunidad, por otros senderos. Fueron los Asirios, los Griegos, y los Egipcios a pincharle con clavos sus talones que parecían
Alguna vez hablando sobre los transportes co- quienes nos dejaron en sus pinturas y en sus suelas, y él se reía de nuestra curiosidad. Descalzo
mentamos que el medio para trasladarse más anti- tumbas muestras de esos calzados. Primero fue- era más fácil trepar a los añosos sauces al borde
guo y más seguro eran nuestras piernas. También ron sandalias, luego los zapatos y las botas. Pre- de la cañada, a los ciruelos y a los damascos para
dijimos que era el más práctico y el más econó- dominantemente las mujeres, y sólo en el interior poder así saborear el exquisito fruto nacido de sus
mico. Un todo terreno, siempre pronto, que como de las viviendas, usaban un calzado llamado za- flores. Lo que se transformaba en un inconveniente
nos lo habían regalado al nacer, muchas veces no patilla muy similar a lo que hoy conocemos como insalvable era caminar por la alfalfa recién segada.
lo valorábamos en su real dimensión salvo cuando pantufla. ¡Imposible! Los cabitos, rectos y duros, se conver-
flaqueaba. A través de los siglos el uso del calzado, sobre tían en penetrantes agujas en nuestra piel. Tampo-
Pues bien. Esas piernas: ¿En qué se apoyan? todo en las ciudades, se fue generalizando y en co podíamos acercarnos al castaño pues a veces
Naturalmente, en nuestros pies. función de ello surgió un importante y necesario no veíamos, en el suelo entre las hojas, los frutos
Querido amigo: Si Ud. hace un pequeño alto en oficio: el de zapatero. caídos, pero los sentíamos cuando las espinas nos
la lectura y vuelve al título empezará a comprender Todo el trabajo era manual o con pequeños ins- hacían recordar su presencia.
hacia dónde vamos. ¿A los zapatos tal vez? Sí, za- trumentos de tipo artesanal hasta que, a mediados Clap, clap, clap…, ahí vienen los zuecos. Tie-
patos y zapateros ocupan nuestra atención en esta del siglo XIX, surge en Estados Unidos la mecani- rra y árboles, descalzo. Establo y bodega, calza-
oportunidad. zación y nace la industria del calzado. Extendida a do. ¿Pero con qué? Para trabajar con los animales
Muy lindas las piernas, musculosas, a veces todo el mundo dará ocupación a miles y miles de (cama, estiércol, ordeñe) se usaban zuecos, para
velludas las de él; esbeltas, armónicamente pro- obreros. En paralelo al crecimiento de la industria trabajar en la bodega también. Mi padre me los
porcionadas las de ella, pero ambas necesitan de fue disminuyendo el número de zapateros fabri- compraba acorde a mi pie. La base era una made-
sus pies y del calzado que los proteja. cantes, transformándose muchos de ellos, en za- ra de casi tres centímetros de espesor y la capella-
Mirando vidrieras vemos infinidad de ofertas de pateros reparadores tal cual llegamos a conocerlos da de un cuero color ocre, muy duro, claveteado a
calzado de todos los tipos. De vestir, de trabajo, de siendo niños. Este oficio también fue y es acorra- la plataforma. Para que el pie ajustara al calzado y
lluvia, deportivos, etc. De goma, de plástico, de lado por la industria, porque con los nuevos mate- no se lastimara por la rigidez del cuero, era envuel-
lona, de otros materiales sintéticos, de diferentes riales y con la importación de unidades a muy bajo to en tiras de arpillera. Recuerdo el calor que daba
cueros, etc. En ésto último, tanto más elevado el precio, es cada vez menos atrayente la reparación. la arpillera y la sensación de protección que trans-
precio como más escaso es el pobre animalito que Hasta aquí un bosquejo muy somero de la his- mitían aquellos zuecos al andar pisando el agua
le tocó ser estímulo a nuestro ego. De todos colo- toria del zapato y la humanidad. Ahora una rápida en la bodega o el estiércol en las caballerizas, y el
res, con o sin cordones, con mayor o menor taco, mirada del zapato en “nuestra humanidad”. Sí, rá- placer de pisar las castañas o quebrar los cabitos
todas las variedades que se le ocurran al diseña- pidamente les cuento cómo usábamos ese artículo de alfalfa bajo la suela.
dor…, y más también. en el oeste granjero en la segunda mitad del siglo Todo pasa y el zueco quedó atrás. Apare-
Enorme oferta, enorme variedad y un único fin: pasado. cen las alpargatas “Rueda” con suela de yute. Mi
vender. Utilizando una ineludible necesidad, como Miro mis pies y si bien no lo recuerdo, los he vis- mamá me mandaba comprarlas a “lo de Yuly”,
es la protección de nuestro pie, se creó un enorme to en esas fotos familiares cubiertos con escarpi- el almacén de enfrente; allí me las probaba y ya
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