Page 29 - Marzo 2018
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MARZO                                                  LA PRENSA DE LA ZONA OESTE                                             23 Años informando
          2018                                                                                                                                      29









          pequeña piedra esmeril en la cual con una gota de  sumando consultas pendientes más nuevos llama-  cirugías (suturar heridas), cuerpos extraños en la vis-
          agua eran afiladas (Era un trozo de las que en una  dos, las visitas nocturnas llegaban a veces hasta el  ta, drenar abscesos, flemones, trombosis hemorroi-
          guampa con agua, llevaban en la cintura los sega-  amanecer. Lo más interesante de todo ésto, es que  darias, y lo que fuera. Había que apechugar.
          dores de alfalfa para afilar la guadaña). Cuando se  nadie se quejaba por las demoras; se podía llegar a   Más de una vez, respondiendo a múltiples golpes
          acababa el material estéril y había que hervir, le pe-  las tres o a las cuatro de la mañana siendo el médico  apresurados, al abrir la puerta de mi casa entre tres
          díamos una cacerola al paciente, y allí mismo hervía-  recibido con muy buena cara, y todavía agradecién-  o cuatro personas entran un cadáver; o lo mismo en
          mos jeringas y agujas. ¿Suena raro, no? Lo mismo  dole la concurrencia, le ofrecían café o caldo. Y así  medio de una consulta, gritos, apuros, y era un auto
          con las sondas vesicales, como había que cambiar-  era. Muchas veces el auto se paraba al borde del ca-  trayendo un cadáver que depositaban en la camilla
          las periódicamente y eran caras, se retiraba la que  mino buscando instantes de sueño reparador. No fal-  bloqueando la atención, que había que  continuar en
          estaba puesta, se lavaba y luego de probar el balón  taba quien golpeaba los vidrios por si precisaba algo.  la misma sala de espera.
          y la válvula, si funcionaban, se hervía en una olla de  “Estoy bien gracias” “Ahh…, bueno, chau” El auto era   Como ustedes saben los partos se atendían en
          la cocina para terminar nuevamente colocada.    conocido, pero igual paraban por si “pasaba algo”.  domicilio. Tal vez casualidad, pero ahora estoy re-
             Todo ésto hoy es inadmisible. Todo ésto ayer era   La mayoría de los llamados eran particulares. No  dactando estas líneas, en lo que fue la casa de la
          normal. Hoy si hacemos alguna de estas cosas va-  todos pagaban. Algunos, al terminar la consulta y  partera del barrio, que hoy, es mi casa. Se llamaba
          mos todos presos, pero era así, y saben una cosa:  llegado el momento de retirarme, hacían silencio o  Juanita Luzardo y paradójicamente no tuvo hijos. Su
          ¡No había infecciones, no teníamos abscesos! ¿Mila-  miraban para el piso y en esa situación me retiraba,  esposo era el señor San Román. Esto lo cuento por
          gro?  Ahhh…, me olvidaba: guantes estériles: ¿Qué  todavía diciendo, “…cualquier problema me avisan”;  la pura coincidencia que la casa de la partera pasó
          es eso? Lo que sí se hacía era lavarse muy bien las  otros, risueños, te palmeaban la espalda diciendo:  a ser la casa del médico, y además porque la conocí
          manos. Como ayudante de sala de operaciones, nos  “gracias, gracias…” No faltaba el apretón de manos  y generó en mí un aprecio que a muchos años de su
          enseñaron a lavarnos las manos con todas las técni-  con cara de consternación que decía: “Que Dios te lo  muerte aún se mantiene. En la década del setenta
          cas de cepillado de dedos y uñas previo a la cirugía.  pague”; y también el “después paso por allá”.  ella ya no ejercía y algunos partos en domicilio se-
             No existía el SIDA, pero sí la hepatitis, y surgie-  Nada más alejado que un afán mercantilista en  guían ocurriendo.
          ron algunas corrientes de opinión en el sentido que  lo anteriormente expuesto. Sencillamente lo cuento   No olvido que una madrugada me vienen a bus-
          no era suficiente hervir veinte minutos para esterili-  porque esas cosas pasaban, y si quiero recrear una  car por un parto “de nalgas”. Cuando llego me en-
          zar los materiales. Frente a esa situación en acuerdo  época no debo omitir esos detalles, que muy ciertos  cuentro a la parturienta en cama, con sus piernas
          con “Cacho” compramos un esterilizador eléctrico en  fueron.                                    separadas y entre ellas, ya frío y sin la natural hu-
          el cual con una hora a 250 grados se suponía que   Estos casos eran los menos, de todos modos era  medad, el cuerpo inmóvil de un bebé, pero con su
          eliminaba todos los gérmenes. Parece chiste, pero  tan alta la demanda que el retorno económico era  cabeza dentro del útero de su madre. Tal vez uno de
          se tomó como un “gran avance” para la zona.     más que suficiente. Pero aparte de lo monetario, casi  los casos más desagradables de mi vida, fue la ma-
             Había otros “pincha colas” en el barrio. Don  invariablemente en cada domicilio al terminar la con-  niobra de extracción de aquella cabecita inerte del
          Eduardo de la Fuente, inmigrante gallego, enfermero  sulta te decían: “Abrí la valija” obsequiándote con fru-  cuerpo de su progenitora. Afuera en el silencio de la
          del Hospital Maciel.                            tas, verduras, productos de cerdo, conservas, vino,  madrugada, sólo el ladrido de algún perro, adentro
             “Chichita del herrero” también enfermera; hacían  etc. En cada recorrida valija llena, y a veces entre los  bajo una luz mortecina, viviendo el drama de la vida
          sus recorridos a pie, por lo tanto en un radio muy res-  asientos. Recibía mucho más de lo que podía consu-  y la muerte, la madre, el padre y yo. Silencio. Nadie
          tringido, pero también había quienes iban a su casa  mir. Aquel tipo de paciente disfrutaba agradeciendo  hablaba.  Tampoco nos mirábamos. Envolvimos el
          en Calle “B” a inyectarse.                      y dando. Aparte del natural cumplido, nunca recha-  feto y sin esperar a que expulsara la placenta los lle-
             Ya más cercano en el tiempo, “Pocholo” Scasso,  cé esas regalías en recuerdo a que  siendo niño, mi  vé al hospital. Cosas que pasan y que no se olvidan.
          lo podemos definir como un clásico. Dependiente de  madre preparaba igual ofrenda para cuando viniera   Como se imaginarán anécdotas sobran, pero sólo
          la farmacia “Casabó”, recorría con su motoneta “Ves-  el médico. En el porche de mi casa, era frecuente  les voy a contar una que sucedió aquí en nuestro
          pa” toda la zona aplicando inyectables y tomando la  la aparición de similares atenciones sin indicación  oeste, pero que podría haber sucedido en cualquier
          presión arterial. Cuando apareció el problema de las  de remitente. ¿Sería de algunos de los que dijeron:  parte pues sólo traduce algunos aspectos del alma
          alergias a la penicilina, esos pacientes, él me los de-  “después paso por allá?                humana.
          rivaba.                                            Sobre la puerta de mi consultorio lucía un cartel   Era muy común que las personas mayores próxi-
             El mismo “Cacho”, también aplicaba inyectables,  luminoso que decía: “Servicio nocturno” con dos nú-  mas a fallecer se dejaran en el domicilio y allí, con
          pero no era lo que más le gustaba.              meros telefónicos que funcionaba como lo que des-  la atención familiar, se esperaba el inevitable des-
             Hasta aquí intenté transmitirles una idea de cómo  pués fueron las emergencias móviles.      enlace. En vísperas de esta situación me piden que
          era esa asistencia de practicante y enfermería por   Algunos familiares de pacientes se ofrecían para  concurra para acompañar el momento. La paciente
          estos lares, en aquellos tiempos.  Ahora veremos  llevar y traer al médico, oferta en general no acepta-  en su cama con ojos cerrados, respirando muy pau-
          cómo trabajaba un médico recién iniciado y con la  da, porque ello bloqueaba la capacidad de despla-  sadamente, con un ritmo cardíaco caótico, y ya sin
          característica de ser nativo del lugar.         zamiento del galeno. Lo que sí se hacía, era desde  presión arterial. En determinado momento su cora-
             Hasta donde tengo información he sido el primer  cada casa que tenía teléfono llamar y preguntar si  zón se detiene pero sigue respirando. Yo, sentado a
          médico que pasó por la escuela 150 y luego ejerció  había nuevas solicitudes. (Obvio no había celulares).  su izquierda con su mano entre las mías, a su dere-
          en el mismo barrio.  Por supuesto que mi querida   En esas condiciones no se iba a pedir trabajo a  cha de pie, sus cuatro hijos (dos varones y dos muje-
          hermana me antecedió, pero emigró y trabajó por  las mutualistas. Ellas venían al barrio, preguntaban  res) en silencio. En ese momento levanto la vista, los
          otros lugares.                                  en “lo de Cacho”, y desde allí venían a la casa del  miro y hago un gesto como que, “ya está”.  Una hija
             Si bien el practicante tenía sus peculiaridades, no  médico a preguntarle si por favor no quería atender  solloza, la otra habla y dice: “sí, ahora vienes a llorar,
          le iban en zaga las del desempeño de un nuevo ga-  algunos pacientes que vivían por la zona. (Recordar  cuando te precisó no estabas y...” La interrumpe uno
          leno. Hablé de apoyos y agradecimientos. Ahora en  que Paso de la Arena y el oeste era considerado ru-  de los hermanos y dice: “Y vos que hablás, que nun-
          total justicia, tengo que agradecer a quien casi como  ral, y el mutualismo no cubría esas áreas). Al aceptar  ca hiciste nada y te quedaste con…”
          con el alma me alquiló el local que a la postre fue mi  la oferta, la mutualista se embanderaba con que te-  En ese instante, de la madre ya muerta, y por un
          consultorio. Poco hacía que el Banco Regional ha-  nía servicio y con ello mantenía y/o captaba nuevos  último estímulo del centro respiratorio, surge un pro-
          bía cerrado y por ende dejado libre su local. Yo sabía  afiliados.  Recuerdo  una  que  en  tres  meses  con  la  fundo suspiro como si fuera a despertar.
          que don Domingo Torres, era el dueño. Un día lo veo  oferta de ese nuevo médico, afilió 800 socios.  Des-  No olvidamos el silencio sepulcral que invadió la
          sentado junto con don Casiano Lozada, en el murito  de Carlos María Ramírez al oeste, en ese entonces,  habitación y la actitud de congoja de aquellos cuatro
          que separaba sus viviendas. Me animo y  se instala  solamente existía una policlínica de una mutualista  hijos que antes del último suspiro de su madre ya
          el siguiente diálogo: “¿Don Domingo, alquila el local?”  llamada C.A.M., ubicada en Luis Batlle Berres esq.  estaban peleando por lo que cada uno había hecho
          “¿Es para vos?” “Sí” “Sí, te lo alquilo” A partir de ese  Manuel Francisco Artigas. Posteriormente se dio la  o dejado de hacer. En el cementerio los cuatro hi-
          momento fui inquilino de esa familia durante treinta  llegada de varias instituciones; unas quedaron, otras  jos, como uno solo, acompañaron a su señora ma-
          y ocho años, sin más documento que la palabra. A  no, pero esa es otra historia que hoy no será abor-  dre hasta su última morada. En realidad, nada nuevo
          partir de abril de 1976 comenzaron las consultas lu-  dada.                                     bajo el sol.
          nes, miércoles, y viernes a la hora 17. Rápidamente   Otra característica de aquella atención es que el
          se fueron prolongando cada vez más en el tiempo,  médico era polifuncional. No existía la posibilidad de   Hemos hecho un repaso de lo habitualmente
          terminando naturalmente pasada la medianoche, a la  pase para aquí o pase para allá. Lo normal era hacer   aceptado sobre la asistencia médica en la década
          una o dos de la mañana. Por orden de llegada se  de todo, como médico de campaña. Había que ser   del setenta. Sumamos algunas experiencias perso-
          atendía a todo quien lo solicitara. En el transcurso de  pediatra, cirujano, otorrino, ginecólogo, dermatólogo,  nales, y alguna anécdota. Además, hemos intentado
          la misma, al abrir la puerta del consultorio no faltaba  etc., con mayor o menor suerte (para los pacientes).   cumplir con nuestro compromiso. Usted tiene la
          quien decía: “Voy a cenar y vuelvo”, u otro que decía  El hecho es que era normal atender partos, extraer                 palabra, querido lector.
          “Cuando termines andá por casa que tengo a la vieja  cuerpos extraños de las fosas nasales y de los oídos,
          jodida” La respuesta era siempre la misma: Sí.  Pero  sobre todo en niños, atender bebés, hacer pequeñas                      Rómulo Guerrini





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