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MARZO LA PRENSA DE LA ZONA OESTE 23 Años informando
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pequeña piedra esmeril en la cual con una gota de sumando consultas pendientes más nuevos llama- cirugías (suturar heridas), cuerpos extraños en la vis-
agua eran afiladas (Era un trozo de las que en una dos, las visitas nocturnas llegaban a veces hasta el ta, drenar abscesos, flemones, trombosis hemorroi-
guampa con agua, llevaban en la cintura los sega- amanecer. Lo más interesante de todo ésto, es que darias, y lo que fuera. Había que apechugar.
dores de alfalfa para afilar la guadaña). Cuando se nadie se quejaba por las demoras; se podía llegar a Más de una vez, respondiendo a múltiples golpes
acababa el material estéril y había que hervir, le pe- las tres o a las cuatro de la mañana siendo el médico apresurados, al abrir la puerta de mi casa entre tres
díamos una cacerola al paciente, y allí mismo hervía- recibido con muy buena cara, y todavía agradecién- o cuatro personas entran un cadáver; o lo mismo en
mos jeringas y agujas. ¿Suena raro, no? Lo mismo dole la concurrencia, le ofrecían café o caldo. Y así medio de una consulta, gritos, apuros, y era un auto
con las sondas vesicales, como había que cambiar- era. Muchas veces el auto se paraba al borde del ca- trayendo un cadáver que depositaban en la camilla
las periódicamente y eran caras, se retiraba la que mino buscando instantes de sueño reparador. No fal- bloqueando la atención, que había que continuar en
estaba puesta, se lavaba y luego de probar el balón taba quien golpeaba los vidrios por si precisaba algo. la misma sala de espera.
y la válvula, si funcionaban, se hervía en una olla de “Estoy bien gracias” “Ahh…, bueno, chau” El auto era Como ustedes saben los partos se atendían en
la cocina para terminar nuevamente colocada. conocido, pero igual paraban por si “pasaba algo”. domicilio. Tal vez casualidad, pero ahora estoy re-
Todo ésto hoy es inadmisible. Todo ésto ayer era La mayoría de los llamados eran particulares. No dactando estas líneas, en lo que fue la casa de la
normal. Hoy si hacemos alguna de estas cosas va- todos pagaban. Algunos, al terminar la consulta y partera del barrio, que hoy, es mi casa. Se llamaba
mos todos presos, pero era así, y saben una cosa: llegado el momento de retirarme, hacían silencio o Juanita Luzardo y paradójicamente no tuvo hijos. Su
¡No había infecciones, no teníamos abscesos! ¿Mila- miraban para el piso y en esa situación me retiraba, esposo era el señor San Román. Esto lo cuento por
gro? Ahhh…, me olvidaba: guantes estériles: ¿Qué todavía diciendo, “…cualquier problema me avisan”; la pura coincidencia que la casa de la partera pasó
es eso? Lo que sí se hacía era lavarse muy bien las otros, risueños, te palmeaban la espalda diciendo: a ser la casa del médico, y además porque la conocí
manos. Como ayudante de sala de operaciones, nos “gracias, gracias…” No faltaba el apretón de manos y generó en mí un aprecio que a muchos años de su
enseñaron a lavarnos las manos con todas las técni- con cara de consternación que decía: “Que Dios te lo muerte aún se mantiene. En la década del setenta
cas de cepillado de dedos y uñas previo a la cirugía. pague”; y también el “después paso por allá”. ella ya no ejercía y algunos partos en domicilio se-
No existía el SIDA, pero sí la hepatitis, y surgie- Nada más alejado que un afán mercantilista en guían ocurriendo.
ron algunas corrientes de opinión en el sentido que lo anteriormente expuesto. Sencillamente lo cuento No olvido que una madrugada me vienen a bus-
no era suficiente hervir veinte minutos para esterili- porque esas cosas pasaban, y si quiero recrear una car por un parto “de nalgas”. Cuando llego me en-
zar los materiales. Frente a esa situación en acuerdo época no debo omitir esos detalles, que muy ciertos cuentro a la parturienta en cama, con sus piernas
con “Cacho” compramos un esterilizador eléctrico en fueron. separadas y entre ellas, ya frío y sin la natural hu-
el cual con una hora a 250 grados se suponía que Estos casos eran los menos, de todos modos era medad, el cuerpo inmóvil de un bebé, pero con su
eliminaba todos los gérmenes. Parece chiste, pero tan alta la demanda que el retorno económico era cabeza dentro del útero de su madre. Tal vez uno de
se tomó como un “gran avance” para la zona. más que suficiente. Pero aparte de lo monetario, casi los casos más desagradables de mi vida, fue la ma-
Había otros “pincha colas” en el barrio. Don invariablemente en cada domicilio al terminar la con- niobra de extracción de aquella cabecita inerte del
Eduardo de la Fuente, inmigrante gallego, enfermero sulta te decían: “Abrí la valija” obsequiándote con fru- cuerpo de su progenitora. Afuera en el silencio de la
del Hospital Maciel. tas, verduras, productos de cerdo, conservas, vino, madrugada, sólo el ladrido de algún perro, adentro
“Chichita del herrero” también enfermera; hacían etc. En cada recorrida valija llena, y a veces entre los bajo una luz mortecina, viviendo el drama de la vida
sus recorridos a pie, por lo tanto en un radio muy res- asientos. Recibía mucho más de lo que podía consu- y la muerte, la madre, el padre y yo. Silencio. Nadie
tringido, pero también había quienes iban a su casa mir. Aquel tipo de paciente disfrutaba agradeciendo hablaba. Tampoco nos mirábamos. Envolvimos el
en Calle “B” a inyectarse. y dando. Aparte del natural cumplido, nunca recha- feto y sin esperar a que expulsara la placenta los lle-
Ya más cercano en el tiempo, “Pocholo” Scasso, cé esas regalías en recuerdo a que siendo niño, mi vé al hospital. Cosas que pasan y que no se olvidan.
lo podemos definir como un clásico. Dependiente de madre preparaba igual ofrenda para cuando viniera Como se imaginarán anécdotas sobran, pero sólo
la farmacia “Casabó”, recorría con su motoneta “Ves- el médico. En el porche de mi casa, era frecuente les voy a contar una que sucedió aquí en nuestro
pa” toda la zona aplicando inyectables y tomando la la aparición de similares atenciones sin indicación oeste, pero que podría haber sucedido en cualquier
presión arterial. Cuando apareció el problema de las de remitente. ¿Sería de algunos de los que dijeron: parte pues sólo traduce algunos aspectos del alma
alergias a la penicilina, esos pacientes, él me los de- “después paso por allá? humana.
rivaba. Sobre la puerta de mi consultorio lucía un cartel Era muy común que las personas mayores próxi-
El mismo “Cacho”, también aplicaba inyectables, luminoso que decía: “Servicio nocturno” con dos nú- mas a fallecer se dejaran en el domicilio y allí, con
pero no era lo que más le gustaba. meros telefónicos que funcionaba como lo que des- la atención familiar, se esperaba el inevitable des-
Hasta aquí intenté transmitirles una idea de cómo pués fueron las emergencias móviles. enlace. En vísperas de esta situación me piden que
era esa asistencia de practicante y enfermería por Algunos familiares de pacientes se ofrecían para concurra para acompañar el momento. La paciente
estos lares, en aquellos tiempos. Ahora veremos llevar y traer al médico, oferta en general no acepta- en su cama con ojos cerrados, respirando muy pau-
cómo trabajaba un médico recién iniciado y con la da, porque ello bloqueaba la capacidad de despla- sadamente, con un ritmo cardíaco caótico, y ya sin
característica de ser nativo del lugar. zamiento del galeno. Lo que sí se hacía, era desde presión arterial. En determinado momento su cora-
Hasta donde tengo información he sido el primer cada casa que tenía teléfono llamar y preguntar si zón se detiene pero sigue respirando. Yo, sentado a
médico que pasó por la escuela 150 y luego ejerció había nuevas solicitudes. (Obvio no había celulares). su izquierda con su mano entre las mías, a su dere-
en el mismo barrio. Por supuesto que mi querida En esas condiciones no se iba a pedir trabajo a cha de pie, sus cuatro hijos (dos varones y dos muje-
hermana me antecedió, pero emigró y trabajó por las mutualistas. Ellas venían al barrio, preguntaban res) en silencio. En ese momento levanto la vista, los
otros lugares. en “lo de Cacho”, y desde allí venían a la casa del miro y hago un gesto como que, “ya está”. Una hija
Si bien el practicante tenía sus peculiaridades, no médico a preguntarle si por favor no quería atender solloza, la otra habla y dice: “sí, ahora vienes a llorar,
le iban en zaga las del desempeño de un nuevo ga- algunos pacientes que vivían por la zona. (Recordar cuando te precisó no estabas y...” La interrumpe uno
leno. Hablé de apoyos y agradecimientos. Ahora en que Paso de la Arena y el oeste era considerado ru- de los hermanos y dice: “Y vos que hablás, que nun-
total justicia, tengo que agradecer a quien casi como ral, y el mutualismo no cubría esas áreas). Al aceptar ca hiciste nada y te quedaste con…”
con el alma me alquiló el local que a la postre fue mi la oferta, la mutualista se embanderaba con que te- En ese instante, de la madre ya muerta, y por un
consultorio. Poco hacía que el Banco Regional ha- nía servicio y con ello mantenía y/o captaba nuevos último estímulo del centro respiratorio, surge un pro-
bía cerrado y por ende dejado libre su local. Yo sabía afiliados. Recuerdo una que en tres meses con la fundo suspiro como si fuera a despertar.
que don Domingo Torres, era el dueño. Un día lo veo oferta de ese nuevo médico, afilió 800 socios. Des- No olvidamos el silencio sepulcral que invadió la
sentado junto con don Casiano Lozada, en el murito de Carlos María Ramírez al oeste, en ese entonces, habitación y la actitud de congoja de aquellos cuatro
que separaba sus viviendas. Me animo y se instala solamente existía una policlínica de una mutualista hijos que antes del último suspiro de su madre ya
el siguiente diálogo: “¿Don Domingo, alquila el local?” llamada C.A.M., ubicada en Luis Batlle Berres esq. estaban peleando por lo que cada uno había hecho
“¿Es para vos?” “Sí” “Sí, te lo alquilo” A partir de ese Manuel Francisco Artigas. Posteriormente se dio la o dejado de hacer. En el cementerio los cuatro hi-
momento fui inquilino de esa familia durante treinta llegada de varias instituciones; unas quedaron, otras jos, como uno solo, acompañaron a su señora ma-
y ocho años, sin más documento que la palabra. A no, pero esa es otra historia que hoy no será abor- dre hasta su última morada. En realidad, nada nuevo
partir de abril de 1976 comenzaron las consultas lu- dada. bajo el sol.
nes, miércoles, y viernes a la hora 17. Rápidamente Otra característica de aquella atención es que el
se fueron prolongando cada vez más en el tiempo, médico era polifuncional. No existía la posibilidad de Hemos hecho un repaso de lo habitualmente
terminando naturalmente pasada la medianoche, a la pase para aquí o pase para allá. Lo normal era hacer aceptado sobre la asistencia médica en la década
una o dos de la mañana. Por orden de llegada se de todo, como médico de campaña. Había que ser del setenta. Sumamos algunas experiencias perso-
atendía a todo quien lo solicitara. En el transcurso de pediatra, cirujano, otorrino, ginecólogo, dermatólogo, nales, y alguna anécdota. Además, hemos intentado
la misma, al abrir la puerta del consultorio no faltaba etc., con mayor o menor suerte (para los pacientes). cumplir con nuestro compromiso. Usted tiene la
quien decía: “Voy a cenar y vuelvo”, u otro que decía El hecho es que era normal atender partos, extraer palabra, querido lector.
“Cuando termines andá por casa que tengo a la vieja cuerpos extraños de las fosas nasales y de los oídos,
jodida” La respuesta era siempre la misma: Sí. Pero sobre todo en niños, atender bebés, hacer pequeñas Rómulo Guerrini
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