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FEBRERO                                                LA PRENSA DE LA ZONA OESTE                                             23 Años informando
          2018                                                                                                                                      29









             Ahora  sí,  luego  de  un  pantallazo  general  y  día con ansiedad. Ya en el liceo pero con remi-  juego de luces y colores saludando y arrojando
          aclarados  algunos  conceptos,  vamos  a  ocupar-  niscencias escolares, nos poníamos la túnica y la  serpentinas  al  bullicioso  público  que  respondía
          nos en cómo esa fiesta se vivió por estos lares.  moña cubriéndonos la cabeza con una bolsa de  levantando  los brazos como diciendo:  “A mí!  a
             Hemos comentado alguna vez sobre el tabla-   arroz de cinco kilos que ajustaba perfecto. Le ha-  mí!”. Acompañando el festejo circulaban decenas
          do que a finales de la década del cuarenta se ins-  cíamos cortes para las orejas, los ojos y la nariz  de cabezudos  los que corriendo entre la gente
          talaba todos los años en la actual esquina de Luis  y así disfrazados disfrutábamos de un anonimato  sumaban notas de color y alegría jerarquizando
          B. Berres y Cno. Tomkinson. Pues bien, ese fue  permisivo  para ciertas travesuras que en reali-  la  fiesta.  Lamentablemente  fueron  dejando  de
          el primer escenario que funcionó regularmente y  dad no hacíamos. Pintada la boca con un diente  concurrir cuando se fue generalizando la “viveza”
          al cual concurrían agrupaciones  carnavalescas.  sí y otro no, con amigos de la cuadra, recorría-  de vaciarles los pomitos en la cara, a través de la
          Ya más entrados los años cincuenta, los sábados  mos aquel circuito interactuando con todos en la  mirilla, y ¡con cualquier líquido!
          se le agregaba el baile en el novel Club Social y  plena inocencia del disfrute, al participar en una   Aquellos  vehículos eran enormes de verdad,
          Deportivo Paso de la Arena, y luego en los que  fiesta popular llamada corso. Esperábamos ese  concursaban  por  motivo,  tamaño,    belleza,  etc.
          llegaron a ser famosos bailes de “Los Paperos”  día casi como cuando esperábamos a los reyes;  Algunos eran muy altos y  no pasaban bajo las
          (En la Sociedad de Fomento y Defensa Agraria).  lo disfrutábamos antes, mientras nos vestíamos  guirnaldas de lamparitas; para ello, la Comisión
             En  1952/53  se  inaugura  el  llamado  “Barrio  y  preparábamos  la  careta,  y  durante,  pues  nos  Organizadora disponía de ayudantes que cami-
          obrero”, y como complemento cultural se constru-  veíamos en un para nosotros nuevo mundo, inte-  naban a su lado y con largos varejones levanta-
          ye anexo, un teatro de barrio que vino a sustituir  ractuando con gente desconocida y sin la cerca-  ban los cables.
          al querido tablado y que funcionó a pleno hasta fi-  nía de nuestros padres. Evidentemente estába-  Y así al principio era auténtica fiesta barrial en
          nales de la década del sesenta. Era tan grande la  mos creciendo.                               la que todos formábamos parte contribuyendo a
          concurrencia y tan intenso el entusiasmo popular   El día del corso, empezando la tarde,  ya se  la misma. Al transformarse en oficial comenzaron
          que las fuerzas vivas de la zona deciden organi-  escuchaba  la  red  de  altavoces  “Roque”  anun-  a venir personas de otros lados y  a suceder in-
          zar un corso vecinal. Ya estaban los corsos oficia-  ciando el evento y lo hacía con una pieza (no de-  cidentes desagradables que, poco a poco, fueron
          les por 18 de Julio y por algunos barrios, pero no  bían tener otra) que la pasaban una y otra vez y  llevando a la pérdida de aquella identidad familiar.
          venían al Paso de la Arena. De todos modos, la  que decía: “Palo palo palo palo bonito palo eh,    Una cosa que se sumó fue la aparición de la
          identificación con el festejo era tan intensa, que  eh, eh, eh, palo bonito palo eh…” La fiesta co-  moda de los pomitos. Aparece en el mercado la
          no  notábamos  la  diferencia.  Era  nuestro  corso,                                            oferta de pomitos conteniendo un líquido suave-
          y con un inédito sentimiento de pertenencia, así                                                mente perfumado con el cual se mojaba/moles-
          lo disfrutábamos. Muchas familias colaboraban                                                   taba a otras personas. Sucedió que algunos se
          con su “carro alegórico”; ello nos permitía ver                                                 podían rellenar, y también sucedió que se pasó
          vehículos de todo tipo, desde un cajón con dos                                                  del pomito a mamaderas, infladores y cualquier
          ruedas remolcado a mano o con bicicleta, has-                                                   instrumento que expeliera agua (u otros líquidos),
          ta hermosos carros de cuatro ruedas primorosa-                                                  inclusive jarras, baldes, etc. Por un lado la policía
          mente pintados y adornados con hojas de palma                                                   lo retiraba y lo destruía, y por otro lado en algunos
          y flores. Por supuesto que el caballo estaba ves-                                               domicilios se permitía reabastecerse de agua.
          tido de fiesta con sus arreos inmaculados y los                                                    Piensen Uds. en lo que era el ya relatado corso
          cascabeles que  no dejaban  de recordarnos su                                                   vecinal, y comparen ahora con lo que terminaba
          proximidad. Arriba, en medio del primer asiento,                                                siendo una verdadera guerrilla de agua en la cual
          el carrero, obeso, redondito, con camisa a cua-                                                 no todos querían participar. Pasó la moda de los
          dros, cara roja rubicunda con bombachas, botas                                                  pomitos, y los corsos se siguieron programando
          de cuero y la típica faja turca; todo él coronado                                               hasta el día de hoy como ustedes los conocen.
          por una inclinada gorra vasca que, al igual que                                                    Como les mencioné, había comenzado a fun-
          el pucho apagado entre sus labios, nunca caía.                                                  cionar el teatro de barrio, en el cual participaban
          Armonizaban con todo ello cuatro o cinco bellas                                                 los distintos conjuntos carnavaleros. Como anéc-
          muchachas, vestidas también con típicas ropas                                                   dota recuerdo la noche que actuó la orquesta de
          y desbordando una simpatía en su saludo, que a                                                  Francisco  Canaro.  Al  terminar  la  presentación,
          veces creemos que nunca más podremos volver                                                     Canaro y sus músicos suben al ómnibus para re-
          a ver. No crean que era sólo uno, había varios y                                                tirarse, y como el mismo tenía una escalerilla en
          también carros de dos ruedas con similares es-                                                  la puerta posterior de la misma, se colgó un raci-
          fuerzos  decorativos.  También  camiones  de  las                                               mo de muchachos para disfrutar de una coladera.
          diferentes  granjas,  llevando  en  este  caso  en  la                                          Advertido el conductor, en reiteradas veces ace-
          caja muchachos que se divertían ¡mirando a las  menzaba a la nochecita, pero estando aún alto  leraba al máximo para luego frenar de golpe y de
          muchachas! ¿Qué pavada no? Poca piel se veía,  el sol comenzaban a instalarse, buscando el me-  esa manera hacer caer a los inoportunos polizon-
          y  mucha  ropa,  además  de  caretas  y  antifaces.  jor lugar, puestos que vendían papelitos, serpen-  tes.  Los  de  afuera  claudicaron;  ahora…  ¿Y  los
          Destartalados cachilos que a veces al ir despacio  tinas  y  caretas.  Estas  eran  de  diferente  precio,  de adentro? Me los imagino a todos apilados en
          recalentaban su motor y echaban agua caliente  desde las simples (un cartoncito impreso) hasta  el primer asiento con instrumentos y partituras!!
          y vapor hacía arriba quemando a quien se acer-  las más caras que tenían diferentes formas he-  Si  bien  los  colados  no  eran  ningunos  santitos,
          cara.  Tractores arrastrando zorras prolijamente  chas en un molde  con papel de diario, engrudo,  siempre me quedó una imagen negativa de aquel
          arregladas con niñas (no tan niñas) con amplios  y pinturas. Al otro día nos gustaba volver porque  ómnibus que los hacía caer, y por extensión de
          vestidos de esos que dejan ver y no dejan, toda la  el volumen de papelitos acumulado superaba la  Canaro y su conjunto, aunque seguramente Don
          belleza que Dios les dio. Entre los vehículos, ade-  altura del cordón de la vereda. Placer juntarlos y  Francisco no habrá dejado  de dormir por ello.
          lante, atrás, y a los costados, una nube de gente  en bolsas de papel llevarlos a casa. Allí nos es-  Queridos  amigos,  hemos  hecho  una  peque-
          caminando por el solo gusto de hacerlo; perso-  peraba el natural rezongo por juntar basura de la  ña referencia a los orígenes de la fiesta popular
          nas solas, familias, grupos de amigos, etc. Algu-  calle. Nuestra intención era guardar para  cuando  llamada  carnaval.  Mencionamos  el  significado
          nos disfrazados, o con careta y otros no. Detrás  el próximo corso. ¡Nunca pudimos convencer a  de algunas palabras y hemos contado cómo vivi-
          de los cercos de las casitas (recordar que era el  nuestra madre  que nos estábamos iniciando en  mos nosotros la llegada y presencia de esa fiesta
          barrio obrero) las familias reunidas gozaban del   la cultura del ahorro!                       en nuestro barrio. Saliendo de la adolescencia,
          espléndido espectáculo. Guirnaldas de luces de     Durante algunos años sólo fue vecinal hasta  la vida rápidamente me alejó de todo ello pero,
          colores instaladas por la comisión organizadora  que llegaron los carros alegóricos de verdad. Qué  por lo menos, les conté cómo yo lo he vivido y la
          cruzaban la calle cada pocos metros. La policía  fácil resulta hoy entender a los adolescentes y a  impronta de satisfacción por, de alguna manera,
          sólo para desviar el tránsito. Una vez constituido  los niños deslumbrados por candilejas y luces de  haber participado en aquello.
          el desfile cada una daba las vueltas que quería y  colores! Basta para ello, recordar la emoción que
          cuando la cosa comenzaba a aflojar sencillamen-  sentíamos al ver  aquellos enormes carros con
          te se iba para su casa. El circuito era por los cos-  máscaras, dragones, plataformas y cuánta cosa                           Nota. (1), (2), (3).
          tados sur, este, norte (hoy Alfredo Moreno) luego  más, que encendían nuestra fantasía sin límites   Historia del carnaval. Revista “Mate Amargo”
          Luis B. Berres, Tomkinson y recomenzar.         en la espera de la magia de la noche. Nadie pue-
             Nosotros,  adolescentes,  esperábamos  ese  de olvidar aquellas jóvenes  y  su  cortejo en un                             Rómulo Guerrini





      LA PRENSA.indd   29                                                                                                                         25/2/2018   20:41:39
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