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FEBRERO LA PRENSA DE LA ZONA OESTE 23 Años informando
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Ahora sí, luego de un pantallazo general y día con ansiedad. Ya en el liceo pero con remi- juego de luces y colores saludando y arrojando
aclarados algunos conceptos, vamos a ocupar- niscencias escolares, nos poníamos la túnica y la serpentinas al bullicioso público que respondía
nos en cómo esa fiesta se vivió por estos lares. moña cubriéndonos la cabeza con una bolsa de levantando los brazos como diciendo: “A mí! a
Hemos comentado alguna vez sobre el tabla- arroz de cinco kilos que ajustaba perfecto. Le ha- mí!”. Acompañando el festejo circulaban decenas
do que a finales de la década del cuarenta se ins- cíamos cortes para las orejas, los ojos y la nariz de cabezudos los que corriendo entre la gente
talaba todos los años en la actual esquina de Luis y así disfrazados disfrutábamos de un anonimato sumaban notas de color y alegría jerarquizando
B. Berres y Cno. Tomkinson. Pues bien, ese fue permisivo para ciertas travesuras que en reali- la fiesta. Lamentablemente fueron dejando de
el primer escenario que funcionó regularmente y dad no hacíamos. Pintada la boca con un diente concurrir cuando se fue generalizando la “viveza”
al cual concurrían agrupaciones carnavalescas. sí y otro no, con amigos de la cuadra, recorría- de vaciarles los pomitos en la cara, a través de la
Ya más entrados los años cincuenta, los sábados mos aquel circuito interactuando con todos en la mirilla, y ¡con cualquier líquido!
se le agregaba el baile en el novel Club Social y plena inocencia del disfrute, al participar en una Aquellos vehículos eran enormes de verdad,
Deportivo Paso de la Arena, y luego en los que fiesta popular llamada corso. Esperábamos ese concursaban por motivo, tamaño, belleza, etc.
llegaron a ser famosos bailes de “Los Paperos” día casi como cuando esperábamos a los reyes; Algunos eran muy altos y no pasaban bajo las
(En la Sociedad de Fomento y Defensa Agraria). lo disfrutábamos antes, mientras nos vestíamos guirnaldas de lamparitas; para ello, la Comisión
En 1952/53 se inaugura el llamado “Barrio y preparábamos la careta, y durante, pues nos Organizadora disponía de ayudantes que cami-
obrero”, y como complemento cultural se constru- veíamos en un para nosotros nuevo mundo, inte- naban a su lado y con largos varejones levanta-
ye anexo, un teatro de barrio que vino a sustituir ractuando con gente desconocida y sin la cerca- ban los cables.
al querido tablado y que funcionó a pleno hasta fi- nía de nuestros padres. Evidentemente estába- Y así al principio era auténtica fiesta barrial en
nales de la década del sesenta. Era tan grande la mos creciendo. la que todos formábamos parte contribuyendo a
concurrencia y tan intenso el entusiasmo popular El día del corso, empezando la tarde, ya se la misma. Al transformarse en oficial comenzaron
que las fuerzas vivas de la zona deciden organi- escuchaba la red de altavoces “Roque” anun- a venir personas de otros lados y a suceder in-
zar un corso vecinal. Ya estaban los corsos oficia- ciando el evento y lo hacía con una pieza (no de- cidentes desagradables que, poco a poco, fueron
les por 18 de Julio y por algunos barrios, pero no bían tener otra) que la pasaban una y otra vez y llevando a la pérdida de aquella identidad familiar.
venían al Paso de la Arena. De todos modos, la que decía: “Palo palo palo palo bonito palo eh, Una cosa que se sumó fue la aparición de la
identificación con el festejo era tan intensa, que eh, eh, eh, palo bonito palo eh…” La fiesta co- moda de los pomitos. Aparece en el mercado la
no notábamos la diferencia. Era nuestro corso, oferta de pomitos conteniendo un líquido suave-
y con un inédito sentimiento de pertenencia, así mente perfumado con el cual se mojaba/moles-
lo disfrutábamos. Muchas familias colaboraban taba a otras personas. Sucedió que algunos se
con su “carro alegórico”; ello nos permitía ver podían rellenar, y también sucedió que se pasó
vehículos de todo tipo, desde un cajón con dos del pomito a mamaderas, infladores y cualquier
ruedas remolcado a mano o con bicicleta, has- instrumento que expeliera agua (u otros líquidos),
ta hermosos carros de cuatro ruedas primorosa- inclusive jarras, baldes, etc. Por un lado la policía
mente pintados y adornados con hojas de palma lo retiraba y lo destruía, y por otro lado en algunos
y flores. Por supuesto que el caballo estaba ves- domicilios se permitía reabastecerse de agua.
tido de fiesta con sus arreos inmaculados y los Piensen Uds. en lo que era el ya relatado corso
cascabeles que no dejaban de recordarnos su vecinal, y comparen ahora con lo que terminaba
proximidad. Arriba, en medio del primer asiento, siendo una verdadera guerrilla de agua en la cual
el carrero, obeso, redondito, con camisa a cua- no todos querían participar. Pasó la moda de los
dros, cara roja rubicunda con bombachas, botas pomitos, y los corsos se siguieron programando
de cuero y la típica faja turca; todo él coronado hasta el día de hoy como ustedes los conocen.
por una inclinada gorra vasca que, al igual que Como les mencioné, había comenzado a fun-
el pucho apagado entre sus labios, nunca caía. cionar el teatro de barrio, en el cual participaban
Armonizaban con todo ello cuatro o cinco bellas los distintos conjuntos carnavaleros. Como anéc-
muchachas, vestidas también con típicas ropas dota recuerdo la noche que actuó la orquesta de
y desbordando una simpatía en su saludo, que a Francisco Canaro. Al terminar la presentación,
veces creemos que nunca más podremos volver Canaro y sus músicos suben al ómnibus para re-
a ver. No crean que era sólo uno, había varios y tirarse, y como el mismo tenía una escalerilla en
también carros de dos ruedas con similares es- la puerta posterior de la misma, se colgó un raci-
fuerzos decorativos. También camiones de las mo de muchachos para disfrutar de una coladera.
diferentes granjas, llevando en este caso en la Advertido el conductor, en reiteradas veces ace-
caja muchachos que se divertían ¡mirando a las menzaba a la nochecita, pero estando aún alto leraba al máximo para luego frenar de golpe y de
muchachas! ¿Qué pavada no? Poca piel se veía, el sol comenzaban a instalarse, buscando el me- esa manera hacer caer a los inoportunos polizon-
y mucha ropa, además de caretas y antifaces. jor lugar, puestos que vendían papelitos, serpen- tes. Los de afuera claudicaron; ahora… ¿Y los
Destartalados cachilos que a veces al ir despacio tinas y caretas. Estas eran de diferente precio, de adentro? Me los imagino a todos apilados en
recalentaban su motor y echaban agua caliente desde las simples (un cartoncito impreso) hasta el primer asiento con instrumentos y partituras!!
y vapor hacía arriba quemando a quien se acer- las más caras que tenían diferentes formas he- Si bien los colados no eran ningunos santitos,
cara. Tractores arrastrando zorras prolijamente chas en un molde con papel de diario, engrudo, siempre me quedó una imagen negativa de aquel
arregladas con niñas (no tan niñas) con amplios y pinturas. Al otro día nos gustaba volver porque ómnibus que los hacía caer, y por extensión de
vestidos de esos que dejan ver y no dejan, toda la el volumen de papelitos acumulado superaba la Canaro y su conjunto, aunque seguramente Don
belleza que Dios les dio. Entre los vehículos, ade- altura del cordón de la vereda. Placer juntarlos y Francisco no habrá dejado de dormir por ello.
lante, atrás, y a los costados, una nube de gente en bolsas de papel llevarlos a casa. Allí nos es- Queridos amigos, hemos hecho una peque-
caminando por el solo gusto de hacerlo; perso- peraba el natural rezongo por juntar basura de la ña referencia a los orígenes de la fiesta popular
nas solas, familias, grupos de amigos, etc. Algu- calle. Nuestra intención era guardar para cuando llamada carnaval. Mencionamos el significado
nos disfrazados, o con careta y otros no. Detrás el próximo corso. ¡Nunca pudimos convencer a de algunas palabras y hemos contado cómo vivi-
de los cercos de las casitas (recordar que era el nuestra madre que nos estábamos iniciando en mos nosotros la llegada y presencia de esa fiesta
barrio obrero) las familias reunidas gozaban del la cultura del ahorro! en nuestro barrio. Saliendo de la adolescencia,
espléndido espectáculo. Guirnaldas de luces de Durante algunos años sólo fue vecinal hasta la vida rápidamente me alejó de todo ello pero,
colores instaladas por la comisión organizadora que llegaron los carros alegóricos de verdad. Qué por lo menos, les conté cómo yo lo he vivido y la
cruzaban la calle cada pocos metros. La policía fácil resulta hoy entender a los adolescentes y a impronta de satisfacción por, de alguna manera,
sólo para desviar el tránsito. Una vez constituido los niños deslumbrados por candilejas y luces de haber participado en aquello.
el desfile cada una daba las vueltas que quería y colores! Basta para ello, recordar la emoción que
cuando la cosa comenzaba a aflojar sencillamen- sentíamos al ver aquellos enormes carros con
te se iba para su casa. El circuito era por los cos- máscaras, dragones, plataformas y cuánta cosa Nota. (1), (2), (3).
tados sur, este, norte (hoy Alfredo Moreno) luego más, que encendían nuestra fantasía sin límites Historia del carnaval. Revista “Mate Amargo”
Luis B. Berres, Tomkinson y recomenzar. en la espera de la magia de la noche. Nadie pue-
Nosotros, adolescentes, esperábamos ese de olvidar aquellas jóvenes y su cortejo en un Rómulo Guerrini
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