
El remero de Ciudad del Plata y que se formó en el Club Alemán de Remo, regresó de los Juegos Sudamericanos con un medallero histórico, obtuvo tres de oro y una de plata.
El joven remero había anticipado, antes de partir a los Odesur, que su objetivo era conquistar tres medallas de oro. Cumplió su promesa y volvió con cuatro preseas en los cuatro botes en los que compitió.
Luciano, a quien venimos acompañando desde sus inicios, cuenta a LA PRENSA DE LA ZONA OESTE, cómo suma este nuevo capítulo de éxitos a su vida deportiva, fruto del esfuerzo, la disciplina y una exigencia permanente por superarse.
Los Juegos Sudamericanos dejaron resultados históricos para la delegación uruguaya y el remo volvió a ser uno de los grandes protagonistas en la cosecha de medallas. Entre quienes regresaron con motivos de sobra para celebrar está Luciano García, el joven deportista de la zona que, una vez más, respondió a las expectativas y ratificó el lugar que se ha ganado en el remo tanto nacional como internacional.
Antes de viajar a Santa Fe, en una entrevista que publicamos en la edición de setiembre, previo a su partida, Luciano había sido claro respecto a sus objetivos: iba por tres medallas de oro. Competía en cuatro botes y, aunque confiaba de sus posibilidades en tres de las embarcaciones, prefirió no anticipar qué sucedería en la cuarta, en la que finalmente se quedó con el segundo puesto.
Para Luciano, los Odesur fueron sorprendentes en muchos aspectos. El remero destacó que la delegación uruguaya consiguió resultados históricos en distintas disciplinas y que el remo también logró superar sus propios registros.
“La presión por responder a las expectativas existe. Uruguay se ha acostumbrado a ocupar un lugar destacado en el remo sudamericano”, como explica el deportista, eso hace que tanto el público como el propio equipo esperen grandes resultados.
“Tenemos la presión de tener que demostrar lo que todo el mundo nos atribuye, que es ser el deporte con más resultados del país”, señaló. Y agregó que, desde hace años, el remo viene demostrando esa capacidad competitiva.
Sin embargo, puertas adentro, la experiencia se vivió con relativa tranquilidad durante las jornadas de competencia. La tensión había sido mayor en las semanas previas, cuando los deportistas afinaban los últimos detalles de la preparación.
Según explicó García, el nivel de exigencia es muy alto. Cada integrante del equipo se fija objetivos ambiciosos y analiza permanentemente las velocidades, la técnica y las sensaciones que transmite cada bote. La búsqueda de la perfección puede generar incertidumbre, especialmente cuando el cuerpo no responde como se espera.
Pero cuando llega el momento de competir, el grupo consigue transformar esa presión en un impulso colectivo.
“Los días de competencia siempre nos sabemos unir mucho, tirarnos todos para adelante, nos levantamos el ánimo”, contó Luciano. Para él, esa capacidad de acompañarse y motivarse entre compañeros constituye una ventaja importante, que les permite rendir incluso por encima de lo que consiguen durante los entrenamientos.
A eso se sumaba la responsabilidad de responder al apoyo recibido del Comité Olímpico, la federación, las empresas y todas las personas que apostaron por el equipo.
Una promesa cumplida
La entrevista previa a su partida había dejado una expectativa concreta: tres medallas de oro. Luciano regresó con ellas y sumó una cuarta presea, de plata, en el bote cuyo resultado no se había animado a pronosticar.
“Yo pedía tres de oro y llegaron tres de oro y una de plata”, resumió.
“En los deportes en los que los tiempos y las marcas permiten evaluar el rendimiento, es posible realizar estimaciones sobre las posibilidades de cada embarcación”. En su caso, consideraba que tenía grandes chances de conquistar tres oros.
Y así sucedió. Sin embargo, lejos de conformarse únicamente con el resultado, reconoció que le quedó una espina.
En el cuarto bote, Uruguay llegó a los últimos metros en el primer lugar, pero no logró realizar el cierre necesario para conservar la ventaja y terminó con la medalla de plata. Fue una oportunidad que estuvo cerca de convertirse en otro oro y que todavía recuerda con cierta frustración. De todos modos, el balance es más que positivo. Cumplió el objetivo que había anunciado antes de viajar y regresó con cuatro medallas en cuatro pruebas, una actuación que confirma su nivel competitivo.
“Yo entreno 100% dedicado para ganar”, afirmó. Esa mentalidad, según explicó, se sostiene en la exigencia cotidiana y en la convicción de haber hecho todo lo necesario durante la preparación.
Luciano reconoce que sus rivales también entrenan para ganar, pero entiende que su dedicación y su obsesión por mejorar le dan una seguridad especial cuando llega el momento de competir.
A casi un mes de los Juegos, Luciano planteó una reflexión que permite comprender mejor el mundo del alto rendimiento, “para un deportista que compite habitualmente, existe el riesgo de acostumbrarse a resultados que, vistos desde afuera, son extraordinarios”.
En su caso, regresar con menos de tres medallas de oro habría significado no alcanzar sus propias expectativas. Es un nivel de autoexigencia que puede resultar difícil de comprender para quien observa desde la tribuna, pero que forma parte de su manera de encarar el deporte. “Es complicado dimensionar los logros cuando para uno es normal y fácil porque es lo que hace todos los días”, reflexionó.
Detrás de cada medalla hay una rutina que exige mucho más que presentarse a competir. Luciano describió jornadas que comienzan a las cinco o seis de la mañana, con varias horas de entrenamiento, una alimentación cuidada,
descanso y una segunda sesión física durante la tarde. A eso se suma entrenar los domingos y resignar buena parte de la vida social para sostener el nivel de preparación.
Es un esfuerzo que se vuelve cotidiano para quien lo practica, pero que no por eso deja de ser extraordinario.
Su reflexión ayuda a mirar de otra manera los resultados conseguidos en Santa Fe. Las medallas no aparecen de un día para otro, son la consecuencia de una preparación sostenida, de la disciplina y de una voluntad permanente de superación.
La actuación en los Odesur también reafirmó la posición del remo uruguayo en el escenario sudamericano. Luciano considera que, especialmente en la rama masculina, el país se ha ganado el respeto de sus rivales.
Los títulos obtenidos en ediciones anteriores hacen que Uruguay llegue a muchas competencias como uno de los equipos a vencer. El propio remero mantiene contacto con deportistas de distintos países de la región y percibe ese reconocimiento.
Luciano también tuvo palabras de agradecimiento para quienes hacen posible poder continuar este camino del alto rendimiento, a la Federación Uruguaya de Remo, a la Intendencia de San José, al Comité Olímpico Uruguayo, a la Secretaria Nacional de Deporte que son quienes financian el deporte, a su sponsor Álvarez Seguros y por supuesto a su familia que lo impulsa y apoya en todo momento.
Los próximos objetivos ya están en marcha
La satisfacción por lo conseguido no significa detenerse. Para Luciano, los Odesur ya forman parte del camino recorrido y ahora el foco está puesto en los desafíos internacionales que se aproximan.
Uno de los grandes objetivos es el Mundial Clasificatorio Olímpico del próximo año. También tiene por delante los Juegos Panamericanos su participación en el single ya está asegurada y en abril buscará obtener la clasificación para los demás botes a través del Pre Panamericano. Antes de comenzar esa preparación, tiene previsto competir en el Campeonato Peruano, durante las primeras semanas de noviembre. Además, existe la posibilidad de viajar a Brasil, aunque al momento de la entrevista esa participación todavía no estaba confirmada. La planificación contempla, a partir de enero, regresar a España para desarrollar allí una nueva etapa de preparación, entrenando y compitiendo en Europa con el propósito de llegar en las mejores condiciones a los compromisos más importantes.
Desde hace tiempo venimos siguiendo la carrera de Luciano García y compartiendo con nuestros lectores sus avances, sus triunfos y los nuevos desafíos que enfrenta. Los resultados obtenidos en los Odesur representan otro paso significativo dentro de una trayectoria que continúa creciendo. A su juventud se suma una experiencia competitiva que le permite afrontar cada torneo con objetivos claros y una enorme exigencia personal. Su capacidad para anticipar sus posibilidades, cumplir las metas que se propone y reconocer aquello que todavía quiere mejorar habla de un deportista que no se conforma con lo conseguido.
Las tres medallas de oro y la de plata tienen, además, un valor especial porque llegaron en unos Juegos históricos para Uruguay y para el remo nacional. Pero quizás una de las claves de Luciano esté precisamente en esa dificultad que él mismo reconoce, aprender a dimensionar cada conquista sin perder la ambición de ir por más.
Santa Fe quedó atrás, por delante aparecen nuevos viajes, entrenamientos y competencias. Y allí estará nuevamente Luciano, trabajando para seguir construyendo una carrera en la que los triunfos se acumulan, pero las metas nunca se terminan.
