A más de 30 años de aquella publicación de marzo de 1995, LA PRENSA DE LA ZONA OESTE vuelve sobre una historia cargada de memoria y afecto, el testimonio de dos amigos de Alfredo Zitarrosa. En el mes en que se conmemoraron los 90 años de su nacimiento, el recuerdo revive su infancia en Santiago Vázquez, donde vivió y su paso por las escuelas N° 116 de Santiago Vázquez y N° 150 de Paso de la Arena. Al enterarnos de que los vecinos Walter Núñez y Mario Mary Bartolozzi Delgado fueron compañeros de escuela de Zitarrosa, fuimos en su búsqueda para conocer y reconstruir, a través de sus cálidos recuerdos, cómo era aquel niño. Alfredo era un alumno ejemplar

¿Dónde lo conocieron y en qué año?
Walter recuerda:
Al Pocho Durán lo conocí en la escuela N° 116 de la Barra. Íbamos en el turno de la tarde. Era por el año 1945, más o menos, y estudiamos tres años juntos.

¿Cómo “Pocho Durán”?
Bueno, él era hijo natural. Su mamá era de apellido Zitarrosa. Vivía pasando la Barra, en el kilómetro 28, en un chalé muy lindo que había adquirido con su trabajo como artista de circo. A Alfredo, a quien nosotros llamábamos “Pocho”, lo crió un comisario de apellido Durán. Cuando llegó al barrio ya vino con esa familia y se alojaron en una casa en la esquina —después te paso la dirección—. En la escuela lo conocíamos como Alfredo Durán. Ya de grande adoptó el apellido de la madre.

¿Se destacaba en la escuela?
Sí, era muy inteligente. En canto siempre era el mejor.

¿Jugaba con ustedes en el barrio?
No, lo veía solo en la escuela. Él salía muy poco. Creo que no lo dejaban salir. No sé si estudiaba mucho, pero lo cierto es que no era un muchacho de campito.

Me comentaba que tomó la comunión con usted.
Sí, fue el 9 de febrero de 1941, en la iglesia de la Barra. Aún conservo la foto.

¿Por qué se trasladó a la escuela de Paso de la Arena?
Vino a la escuela N° 150 a cursar sexto año, ya que era la única en toda la zona que contaba con ese nivel. Estuvimos juntos en el turno matutino. Fue en el año 1948.

¿Cómo era en clase?
Era muy inteligente. Venía a la escuela de punta en blanco, con su túnica bien almidonada. Como venía, se iba. Era un alumno ejemplar. Tendría 12 o 13 años cuando terminó la escuela. Para la época eso llamaba la atención, porque lo más común era terminar siendo ya hombres, con barba y bigote. La directora, Isabel Undarz de Fachelli, había implementado la actividad de ir los sábados a plantar gajos de malvón. Cuando íbamos, todos distorsionábamos; Alfredo, por el contrario, trabajaba muy callado y tranquilo. Realmente era un alumno ejemplar. Además, se destacaba en el coro. Cantaba el solo del himno. Su voz era algo fabuloso. Yo bailé el pericón con él en un festival que se realizó en “los paperos”, en la sociedad de fomento, donde hizo de bastonero. Era chiquito, flaquito.

¿Quién fue “el Loco Antonio”?
Era un pescador, cazador de nutrias y zapatero. Nos unía una gran amistad. Alfredo le compuso una canción. Su nombre era Antonio Dota y también vivía en la Barra.

¿Hasta qué año vivió en Santiago Vázquez?
Walter agrega:
Más o menos hasta 1951. Después lo volvimos a ver en festivales de la escuela N° 116. En los últimos tiempos también venía mucho a la zona, a comer asado los domingos a la casa de “Chiquito” Viera.

Mucho queda por decir de la vida y trayectoria de Alfredo Zitarrosa. Sin embargo, en estas voces sencillas y cercanas se dibuja con nitidez la figura de aquel niño “callado y prolijo”, que habría de convertirse en una de las voces más profundas y representativas del pueblo uruguayo.