
La institución nació del compromiso de un grupo de vecinos cuando la discapacidad aún no ocupaba el lugar que tiene hoy en las políticas públicas. Dos décadas después, Quelavi continúa siendo un referente para decenas de familias de la zona oeste.
Con una fiesta compartida por usuarios, familias, amigos, docentes y colaboradores, Quelavi (Querer la Vida) celebró el pasado viernes 26 de junio, sus 24 años de vida institucional. El encuentro fue también una oportunidad para recordar el camino recorrido desde aquel pequeño grupo de vecinos que decidió crear un espacio para personas con discapacidad cuando el tema todavía permanecía poco visibilizado.
La historia comenzó en el ámbito del Concejo Vecinal del Zona 18. Allí, Tania Ocampo, junto a José Luis Núñez y otros vecinos, advirtieron que existían numerosas comisiones de trabajo, pero ninguna dedicada a la discapacidad.
“Había mucho para hacer”, recuerda Tania Ocampo, quien continúa siendo una de las referentes de la institución.
Los primeros encuentros se realizaron en el Centro Comunal, cedido por la entonces director Carlos Gazzolo, “él fue muy empático y nos apoyó mucho. Poco tiempo después comenzamos a funcionar en el pequeño rancho ubicado en el mismo predio donde hoy se levanta la Casa Comunitaria” agrega nuestra entrevistada.
Vale consignar que la secretaria de discapacidad de la Intendencia de Montevideo les brindaba también un gran apoyo.
En aquel entonces eran apenas siete familias a las que se empezó asistir; rápidamente el grupo creció hasta reunir a quince jóvenes, confirmando que la necesidad existía.
Con el paso de los años la institución debió trasladarse a una casa alquilada sobre Camino Cibils, ya que el espacio original había quedado pequeño y presentaba importantes dificultades edilicias.
Sin embargo, el objetivo siempre fue contar con una sede propia.
Ese sueño comenzó a hacerse realidad gracias al Presupuesto Participativo.
Primero se presentaron y lograron recursos para recuperar materiales perdidos tras un incendio y varios robos que habían sufrido el local.
Más adelante, y “siempre con el respaldo de los vecinos y el gran acompañamiento de la asistente social Virginia Mercader, una vez más obtuvimos el apoyo necesario y nuestra propuesta de Presupuesto Participativo fue ganadora, lo que permitió construir la sede que actualmente ocupamos”. La casa propia de Quelavi, contruida en el mismo predio de la Casa Comunitaria y Comuna Mujer, fue inaugurada en 2015.
Posteriormente volvieron a resultar beneficiados con otro proyecto destinado al cerramiento del predio. Después de pasar algunos años sin presentar propuesta, (ya que así lo estipula ese programa) se han vuelto a presentar en esta edición con la propuesta de una ampliación que permita incorporar dos salones y un espacio para la atención de las familias.
Actualmente Quelavi recibe a unas 30 personas con discapacidad mayores de 15 años, una etapa en la que muchos jóvenes dejan de concurrir a la escuela especial y necesitan nuevos ámbitos donde continuar desarrollándose. No existe un límite de edad para participar y algunos usuarios concurren desde hace más de dos décadas.
La propuesta está basada en talleres que promueven la autonomía y la inclusión. Cocina, computación, huerta, peluquería, música y yoga forman parte de las actividades que se desarrollan semanalmente, además del acompañamiento de una psicóloga y una asistente social. A través de un convenio con la Dirección General de Educación de Jóvenes y Adultos de la ANEP, la institución también cuenta con docentes para distintas áreas.
El funcionamiento se sostiene mediante un convenio con el Banco de Previsión Social, los aportes de algunas familias y el permanente apoyo de empresas, comercios y colaboradores que donan insumos o recursos para concretar distintas actividades y pa-seos recreativos. Para Tania Ocampo, el objetivo siempre estuvo claro: “Al muchacho le tiene que servir la institución. El objetivo es mejorar su calidad de vida y fortalecer su autonomía”.
Sobre cómo viven cada jornada los usuarios, nos cuenta: “No importa si hace calor, si llueve o hace frío; ellos quieren venir”, cuenta emocionada. Detrás de estos 24 años hay también una historia de compromiso colectivo.
Integrantes de comisiones directivas, profesionales, familias, voluntarios y vecinos fueron dejando su aporte durante todo este tiempo para consolidar una institución que se transformó en un referente para la inclusión en la zona oeste. El festejo realizado el viernes fue mucho más que un aniversario. Fue la celebración de una historia construida entre muchos y la confirmación de que, cuando una comunidad se compromete con quienes más lo necesitan, es posible generar oportunidades, derribar barreras y construir un lugar donde cada persona encuentre un espacio para crecer, aprender y sentirse parte.
