
Con 34 años de servicio, Néstor Parra es uno de los guardavidas con mayor trayectoria de la costa montevideana. EL Vecino del oeste repasa su vocación, los rescates, la carga emocional del oficio y la importancia de la prevención en el agua.
El testimonio de Néstor Parra vuelve a poner en evidencia la importancia fundamental de la labor que desempeñan los guardavidas, no solo durante la temporada estival, sino a lo largo de todo el año. Su formación permanente, la prevención constante y el compromiso humano que implica cada intervención resultan claves para reducir riesgos y salvar vidas. Detrás de cada bandera, de cada advertencia y de cada rescate, hay profesionales preparados que trabajan para que el disfrute del agua no se convierta en tragedia.
¿Cuántos años hace que es guardavidas y por qué eligió esta profesión?
Hace 34 años que soy guardavidas y, si miro para atrás, siento que fue una profesión que me eligió a mí también. Crecí con el mar cerca; como el resto de mis compañeros de escuela, la gran mayoría vivía en el pueblo de pescadores artesanales de Pajas Blancas, y los amigos de mis padres provenían de ahí. Entendí desde muy joven la inclinación por ser guardavidas.
De adolescente practiqué varios deportes, y uno de los que más me marcó fue el triatlón, donde la natación es una disciplina importantísima. Eso me llevó a estar muy entrenado en el agua y a moverme en ese ambiente. Ahí conocí a guardavidas que me fueron guiando, y en especial a Isaac Costa, que fue mi entrenador y mentor. En él me vi reflejado y fue una referencia muy grande para mí… hasta el día de hoy.
Pasaron muchos años, pero aún mantengo recuerdos de mi primera playa, que fue Punta Espinillo. Con mi compañero de todas las horas, Eduardo Vera, hicimos la carrera juntos y comenzamos en la playa más al oeste de Montevideo.
Llegar a nuestro puesto era toda una odisea: eran otros tiempos, sin comunicación y con escasa locomoción. Solo llegábamos a tracción a sangre (bicicleta o caminando) desde la playa de La Colorada.
¿Desempeña esa labor solo en temporada?
El servicio formal de guardavidas en la costa se concentra en temporada, pero la preparación y la responsabilidad no terminan cuando se termina la temporada. Gran parte del tiempo se dedica a los entrenamientos para las próximas temporadas y a la formación permanente en nuevas técnicas y procedimientos que se actualizan año tras año.
Fuera de temporada, el servicio de guardavidas realiza diferentes tareas, como el cuidado y el dictado de clases en distintas plazas deportivas, y los talleres de seguridad que emitimos en todas las escuelas públicas de Montevideo, UTU, ONG, Casa Joven, entre otros grupos organizados.
Usted tiene mucha experiencia en el servicio de guardavidas y también en otras disciplinas deportivas… ¿Siempre trabajando en la zona oeste?
Gran parte de las temporadas fueron en la zona oeste; también trabajé en el este, pero fueron pocas temporadas, en playas como Pocitos y Buceo. Sin duda, el oeste es mi casa. Hoy estoy en Playa Zabala, y cada playa de esta zona tiene su identidad, su gente y sus particularidades. Con los años uno aprende a leer el agua como si fuera un idioma: las corrientes, los cambios de viento, los pozos, los días “engañosos” que parecen tranquilos.
Y lo deportivo siempre estuvo ligado al oficio: el entrenamiento, las competencias del salvamento acuático deportivo, la resistencia, la técnica, el trabajo en equipo. Todo eso no es un “extra”, es parte de estar preparado para responder cuando la situación lo exige.
En lo que va de la temporada se han registrado lamentablemente varios ahogamientos a lo largo y ancho de todo el territorio y en diferentes entornos acuáticos, algunos con resultados fatales. ¿Cómo los afecta psicológicamente esta problemática?
Nos afecta mucho, y más cuando trabajamos en la zona en la que vivimos y compartimos lo cotidiano. Uno aprende a manejarlo, aunque es difícil.
Cada situación grave deja una marca, porque detrás de cada incidente hay una familia, hay una historia, hay alguien que no vuelve igual, y nosotros también volvemos a casa con esa preocupación en la cabeza. Regresar a la playa al otro día no es fácil; en muchos casos conocemos a los involucrados y es duro. Con el transcurso del tiempo nos volvemos más sensibles a los acontecimientos.
Lo que nos sostiene es el equipo, hablar entre compañeros y también transformar esa carga en más prevención, más atención y más compromiso. Pero claro que golpea.
¿Cree usted que la población no tiene una percepción de riesgo al ingresar al agua?
Sí, muchas veces falta percepción de riesgo. No por mala intención, sino por confianza excesiva o por desconocimiento.
Hay datos que nosotros manejamos y que son muy claros: cerca del 94% de los accidentes fatales ocurren en zonas no habilitadas, donde no hay presencia de guardavidas, y de esos casos aproximadamente la mitad son menores de 25 años. Eso muestra que el problema no es solo el agua: es dónde se entra, cómo se entra y qué decisiones se toman.
El agua puede estar “tranquila” y aun así ser peligrosa. Las corrientes no siempre se ven, el cansancio aparece de golpe y, a veces, la gente entra con apuro, sin observar, sin mirar banderas o sin preguntar.
Por eso insistimos tanto con algo básico: respetar las zonas habilitadas, mirar las banderas, consultar al guardavidas, no sobreestimar la fuerza propia y, sobre todo, cuidar a los niños sin descuidar la atención ni un segundo. Los niños y niñas deben estar a pocos metros de distancia de los adultos.
En lo personal, imagino que a lo largo de tantos años ha intervenido en muchísimos rescates… ¿Qué carga emotiva genera una situación para quienes cumplen el servicio de guardavidas?
La carga emotiva es fuerte, porque un rescate es tensión real. Hay adrenalina, hay toma de decisiones rápidas, hay riesgo. Y cuando termina, recién ahí cae todo.
En el momento uno actúa con la cabeza fría, porque para eso entrenamos. Pero después aparece el peso humano: pensar qué pudo pasar, qué se evitó, qué faltó. Las decisiones se toman en fracciones de segundo, y también se descartan algunas de ellas en el transcurso del rescate. También hay algo muy profundo: cuando una vida se salva, eso te acompaña para siempre. Y cuando el resultado no es el que uno quiere, también.
¿Tienen ustedes entrenamiento obligatorio?
Sí, el entrenamiento es obligatorio y constante. Este año la brigada de Montevideo cumple 90 años de servicio, convirtiéndose en una de las más viejas del mundo y es referente de la región, con un profesionalismo y una preparación de primer nivel. Nos enorgullece ser parte de este colectivo.
Gran parte de nosotros somos requeridos para trabajar en playas europeas. Nuestra formación hace que los guardavidas uruguayos tengan un reconocimiento internacional. Un alto porcentaje de las costas mediterráneas están bajo la vigilancia de guardavidas uruguayos, lo que permite acumular saberes y experiencia a lo largo de la carrera.
¿En qué consiste ese entrenamiento?
Entrenamos rescate, nado, uso de equipamiento, primeros auxilios, RCP, manejo de emergencias y coordinación en equipo. Además, observamos, anticipamos, prevenimos y comunicamos con precisión los episodios que se van desarrollando durante nuestra intervención. Para desempeñar nuestra tarea debemos obligatoriamente superar una prueba de aptitud física, con diferentes técnicas de rescate y habilidades que demuestren que estás preparado para sortear cualquier situación de riesgo antes de comenzar la temporada.
Debemos seguir insistiendo en la prevención…
Exactamente. Los accidentes no solo ocurren en playas, ríos, arroyos, canteras y lagunas; también un gran porcentaje de accidentes fatales ocurre en nuestros hogares con niños pequeños. La facilidad que hemos encontrado para adquirir y construir piscinas en nuestras casas hace que muchísimos accidentes sucedan en el hogar, en pequeñas piscinas o incluso en un latón de baño. No debemos dejar a nuestros niños en ningún momento sin la custodia de un adulto responsable, por más pequeño que sea el espacio y el volumen de agua.
Para los guardavidas no existe la bandera roja: debemos estar preparados en todo momento para un mar embravecido.
El mejor rescate es el que no ocurre, y eso se logra con preparación y presencia.
