
Durante la década del 70, el Padre Otto, quien llegó desde Alemania, se desempeñó como párroco en Rincón del Cerro, realizando múltiples obras que contribuyeron al mejoramiento de la parroquia y del Colegio San José.
En Rincón del Cerro, más precisamente entre las calles La Capilla, se encuentra ubicada desde hace más de 100 años la parroquia de la zona, como mudo testigo de la historia de un barrio que, a lo largo de los años, ha evolucionado y crecido sin perder su identidad como zona de productoras rurales. Una larga historia encierra la parroquia y en ella ha jugado un papel clave el Padre Otto, quien se desempeñó como párroco entre los años 1970 y 1980, dejando una huella que hasta el día de hoy permanece viva entre los vecinos que la adoptaron como parte de su comunidad.
Nacido en el norte de Baviera, en Alemania, Otto Brandt, luego de vivir la destrucción de la guerra y desempeñarse como albañil en su ciudad natal, sintió el fuerte llamado que lo llevó a convertirse en sacerdote. En el año 1962 le solicitan que viajara a Uruguay para desempeñar su función.
Su reacción fue inmediata y así lo narró a La Prensa de la Zona Oeste: “Cuando me informaron sobre el viaje a Uruguay, yo no quería venir, porque todo lo que sabía de este país era muy oscuro, triste. La gente, el paisaje, no eran atractivos para mí. Después dije que sí. Ahora me voy a Alemania y me siento de visita. En Uruguay me siento en casa. Quiero mucho mi patria natal, pero todo ha cambiado, yo también”.
Su viaje a nuestro país tenía una misión muy particular, según él mismo cuenta: “Me pidieron que viniera para que fuera el sacerdote de los católicos de habla alemana. Yo llegué en 1962 con esa misión. Me prohibieron que aprendiera el español para cumplir mejor con la misión que se me había encomendado. Después, cuando pasaron los años, había cambiado mucho el tiempo, también en Alemania, y me dijeron que yo pertenecía a Uruguay. Me quedé con mucho gusto, ya que conocía el país, me gustaba mucho y también su gente, mi trabajo y mi misión. Ahora, ya con 41 años viviendo acá, me siento en casa”.
“Pensé que serían seis semanas y se convirtieron en diez años”
El Padre Otto reside desde su llegada a Uruguay en la Iglesia de Lourdes, ubicada en el límite entre el Centro y la Ciudad Vieja. Sin embargo, los lazos que lo unen al Rincón del Cerro son más fuertes desde el momento en que decidió transformarse en párroco del lugar. Al respecto, explicó que: “En el año 70, una señora de la comunidad católica de habla alemana me contó algo de que vivió en Camino Tomkinson y la parroquia de la zona no tenía cura. Yo me ofrecí para dar los domingos misa. Eso podía ser en castellano, sin problemas. Pensé que serían seis semanas y se convirtieron en diez años. A partir de año 70 llegué al Rincón del Cerro y ahí me quedé durante una década como párroco. Pude ayudar a la parroquia a mantenerse, a reunirse nuevamente, crecer y reforzarse. Lo hice con mucho gusto. Los domingos me iba primero al Rincón del Cerro de mañana y volvía a dar la misa aquí en Lourdes”.
El estrecho vínculo que une al Padre Otto con la zona oeste tiene otra importante razón, según manifestó:
“Al lado de la parroquia hay una escuela católica. No tenía monjas porque se fueron justo cuando yo llegué. Entonces me hice cargo de la misma”.
Finalizada su actividad como párroco en el Rincón del Cerro, su vinculación no terminó, especialmente desde el punto de vista material. El renombre adquirido por el Padre Otto a través de los años le ha valido la confianza de los cristianos de Alemania, quienes en sus colectas dominicales juntaban dinero que luego era enviado a Uruguay a través de un sacerdote. Esto le ha permitido destinar dinero para realizar distintas obras en la zona. Para acceder a este dinero fue necesario, en cada caso, la elaboración del proyecto que argumentaba claramente la inversión que se realizaría, así como el aval del Arzobispado de Montevideo.
Refacción del techo de la parroquia
Entre sus obras se destacan la construcción de cuatro salones en el Colegio San José, un gimnasio, el salón parroquial o multiuso, y la refacción del techo de la parroquia. Respecto a esta última colaboración del Padre Otto, Zulma Fierro, una vecina de la zona, explicó que se está realizando el techo del templo de la parroquia y que hace tres años había empezado a sufrir deterioro. Estaba para caerse, porque toda su estructura es de madera, sobre ésta tenía ticholos, y sobre ellos tejas. El techo tiene más de 600 metros cuadrados, se tuvo que desarmar totalmente. Lo único que quedó fue el esqueleto de madera. Ahora se colocará una membrana asfáltica y sobre ella teja. Nunca hubiéramos accedido a la misma de no ser por el Padre Otto”, afirmó Fierro.
Un poco de historia
La Capilla del Rincón del Cerro nace a partir de una donación realizada por la señora Lecuona de Elhordoy, que en el año 1887 decidió destinar uno de sus campos para la vida espiritual y allí se acondicionó un galpón para que oficiara como capilla. En su testamento establece que tanto el predio como la capilla pasarían a pertenecer, al momento de su muerte, a la Arquidiócesis de Montevideo. Es así que luego de su fallecimiento, en el año 1926, se regulariza ese trámite.
Fue también voluntad de la señora Lecuona de Elhordoy donar su casa particular para crear allí un colegio católico, el mismo que hoy se encuentra en la intersección de Camino a la Capilla y Camino O´Higgins Posteriormente llega a la zona la familia Gianelli Suárez, nietos de Joaquín Suárez, quienes compran a los herederos de Lecuona el colegio y trabajan durante dos décadas. Años más tarde, y luego de recibir una herencia, esta familia construye el templo que existe en la actualidad, colocando la piedra fundamental el 7 de abril de 1945 e inaugurándolo el 6 de abril de 1946.
En el año 1947 el colegio pasa a manos de la comunidad religiosa Hermanas Hijas de la Cruz, en cambio la parroquia continúa perteneciendo al Arzobispado. Hacia 1970 todo fue decayendo en la parroquia y en el colegio. No había un sacerdote disponible para poder continuar y las religiosas decidieron abandonar el colegio porque estaba fundido y entregarlo al grupo de maestros que allí trabajaba, quienes formaron una cooperativa. Así surge la figura del Padre Otto.
Respecto a este momento, Zulma Fierro expresó que la llegada a la parroquia, el 20 de diciembre del 70, del Padre Otto —que celebra por primera vez la misa— fue muy bien recibida por todos. De pensar que nuestra parroquia se cerraba, a tener un sacerdote nuevamente, fue un motivo de gran alegría.
En ese momento la parroquia contaba con un grupo de jóvenes —yo era parte de ellos— y un grupo de señoras, todos con muy buena voluntad, pero ninguno teníamos noción de lo que significaba el funcionamiento de una parroquia. Después del Concilio Vaticano II hasta allí teníamos el concepto de que todo lo tenía que hacer el cura o la monja, pero no la responsabilidad que hoy hemos descubierto y que tenemos como laicos.
El Padre Otto comienza su tarea dentro de la parroquia. Forma el primer consejo parroquial. Trata de formarnos para poder llevar adelante la parroquia.
Tuvo muchísima paciencia con todos nosotros. Teníamos una mentalidad muy diferente a la de él. Fuimos creciendo al paso de él y durante 10 años el Arzobispado le dio la autoridad de vicario, que es como un párroco, responsable absoluto de la parroquia, y él asume con gran entrega esta actividad junto a la comunidad, tanto en la parroquia como en el colegio.
A los 10 años ya habíamos crecido, deja de ser párroco y asume como sacerdote. De todos modos, siguió conectado, siempre en nuestra comunidad, porque generó lazos de amistad con muchas familias y con todo el grupo.
En diciembre del 80 se retira de la parroquia. Estuvo varios años más ayudando, colaborando tanto en lo espiritual como en lo material. En el colegio era asesor espiritual.
Por otra parte, entre los proyectos a concretar, se encuentra abrir un almacén comunitario en la parroquia.
La vieja parroquia es parte de la rica historia de la zona, que trabaja no solo en el ámbito religioso sino en lo social y congrega a cientos de personas que se sienten comprometidas con la misma. Fundamentalmente luego de las enseñanzas que el querido Padre Otto supo transmitir a sus fieles.
