
Algo que seguramente nos cueste entender es que, la transpiración o sudor de los gladiadores romanos era considerado un elixir de amor y algo aún más extraño era que se utilizaba como un remedio sanador y afrodisíaco, muy recomendado para la piel.
Según la historia y las leyendas, las mujeres romanas recogían el sudor de los gladiadores en esponjas y lo utilizaban como un perfume o lo aplicaban en sus cuerpos para atraer a los hombres.
Se creía que el sudor de los gladiadores tenía propiedades mágicas y que podía aumentar la pasión y el deseo.
Raro pero real... el sudor de los gladiadores era un símbolo de fuerza y virilidad, y que podía transmitir esas cualidades a quienes lo utilizaban.
El ajo en la historia
Es realmente difícil pero no imposible saber el origen del ajo... se remonta a varios siglos atrás en la Asia Central.
La especie que conocemos hoy en día, (Allium Sativum) procede de una variedad de esta zona; el “Allium Longicuspic”, que dio lugar al que hoy conocemos como el ajo; tan consumido e imprescindible en nuestros hogares. Los primeros datos que se tienen del ajo con fines medicinales se remontan al Antiguo Egipto. Sus capacidades curativas le otorgaban poderes mágicos, los faraones daban ajos a sus esclavos para que estuvieran sanos y fuertes y según los papiros se cree que este alimento llegó a considerarse como un icono sagrado, tanto que, cuando hacían juramentos invocaban al ajo como una divinidad llegándose a encontrar cabezas de ajos en tumbas para mantener alejados a los espíritus malignos.
Podemos afirmar que, para los egipcios el ajo representaba el mundo: las capas exteriores simbolizan los estados del cielo y el infierno y los dientes el sistema solar; comerlos simbolizaba la unión del hombre con el universo.
Un dato muy interesante es que, en Grecia se consumía para evitar el tifus y la cólera. Los atletas griegos solían masticar dientes de ajo antes de competir en los juegos olímpicos.
En la época del Imperio Romano el ajo comenzó a formar parte de la dieta cotidiana. Pues descubrieron su alto poder antiséptico y energético por lo que lo utilizaban para las tropas
de asalto. Los soldados griegos y romanos solían referirse a él como, “rosa maloliente”. Fue en la época romana cuando se empezó a cultivar y a extender por Europa hasta formar parte de la dieta cotidiana. El ajo estaba siempre presente... Su uso continuó durante el Imperio Bizantino y la Edad Media, en la que se seguía utilizando no solamente en la gastronomía, sino fundamentalmente para tratar úlceras, dolores y neutralizar venenos. De hecho, en el siglo VII la Escuela de Salermo lo incluyó como medicamento respetado.
