
El músico y multifacético Martín Tejera es cantautor y guitarrista, y combina su gran pasión con la docencia en ese arte.
Es reconocido por su trabajo en Ricacosa, cuarteto de tango que ha ganado premios Graffiti, y por sus proyectos solistas, en los que combina la tradición y la cotidianidad, incursionando en los más variados géneros como el folclore, el candombe, el tango y la milonga. Muchas de sus interpretaciones nacen de su trabajo en escuelas. También en la banda de candombe El Biricunyamba, Martín Tejera ha dejado su impronta.
Desde Punta Espinillo, Tejera construye canciones que enlazan infancia, territorio y memoria colectiva. Músico y tallerista, su trabajo en centros educativos y espacios comunitarios rescata ritmos nativos, creencias populares y el vínculo con la naturaleza, haciendo de la música una herramienta de identidad y encuentro intergeneracional.
Es oriundo de La Teja, pero se mudó a Punta Espinillo cuando su hija mayor cumplió dos años, en el año 2012. Desde el primer momento se involucró profundamente con la zona y con el trabajo social, generando un vínculo muy fuerte con la comunidad.
En diálogo con LA PRENSA DE LA ZONA OESTE, Martín nos cuenta sobre sus talleres y sobre la última distinción obtenida.
Al cierre de esta edición, Martín Tejera recibía el premio a la Mejor Canción Infantil por “Mañanita Fría”, otorgado por el Ministerio de Educación y Cultura (MEC).
Los Premios Nacionales de Música 2025 son otorgados por la Dirección Nacional de Cultura, a través del Instituto Nacional de Música, y constituyen uno de los reconocimientos más relevantes que otorga el Estado uruguayo al talento y la creatividad en el campo musical. Desde su creación en 2011, estos premios han recibido miles de obras y distinguido a más de 200 artistas de todo el país, reconociendo su aporte al desarrollo cultural y a la diversidad de la música uruguaya.
¿Cómo nace su amor por la música?
El amor por la música nace muy temprano. A veces la gente supone que mis padres eran músicos, pero lo cierto es que desde muy chico me sentí atraído por ella. Tengo recuerdos muy lejanos donde la música estaba presente en lo cotidiano: ir a comprar pan y leche al boliche de la esquina y escuchar tango en la radio del bolichero, José Barbeito, un gran personaje y vecino.
Luego, en la escuela San Francisco de Asís, en Belvedere, tuve como profesor a Miguel González, quien utilizaba juegos en ronda con instrumentos, recursos que aún hoy sigo usando y que aprendí con él.
Recién en la adolescencia opté por la música mientras dudaba entre ella y el deporte. En esa etapa tuve mis primeras bandas de rock y candombe y, hacia finales de los años 90, el concurso de Murga Joven me permitió conocer a muchísimos artistas y vincularme con personas que, al igual que yo, soñaban con vivir del arte.
¿Cuándo comenzó a trabajar en las escuelas?
Mis primeras experiencias en escuelas fueron a los 18 o 19 años, en la Escuela Chile de Barrio Sur y en una escuela de la calle Zum Felde, en Malvín Norte. Eran talleres puntuales y de corta duración.
Muchos años después, en 2015, llegué a la Escuela N.º 159, cuando anoté a mi hija mayor en nivel inicial. La directora, Elena Rodríguez, me conocía de La Teja y enseguida me propuso comenzar allí como tallerista de música.
¿Trabaja en otros centros educativos u espacios?
Sí, además de la Escuela 159, trabajo en el Colegio San José Leopoldo Gianelli, en el Centro Juvenil Kelé Kelé de Pajas Blancas, en la Escuela Francia de Punta Carretas y en un espacio artístico y cooperativo para las infancias llamado Gira que Gira, en la zona de Parque Batlle.
En ellas trabajo con gurises desde los 4 años hasta adolescentes.
Una de sus canciones, “Mañanita fría” además de ser premiada ha generado mucha ternura y emoción en la comunidad. ¿Cómo surge?
La canción “mañanita fría” cuenta un momento tan cotidiano como mágico donde a través de la belleza de la naturaleza como la de un pajarito la gente deposita sus buenos recuerdos y como en cualquier cultura busca la explicación a los hechos inexplicables.
Cómo que un cardenal se pose sobre mi mano como agradeciendo luego de casi morir congelado) a mí como a tanta gente me gusta creer que ese fenómeno viene a expresar el sentimiento de almas que rondaron el patio en otros tiempos.
Cuando para el día de los abuelos estrené la canción inmediatamente la gente con lágrimas en los ojos se arrimaba a contarme diferentes anécdotas sobre esas creencias y familiares que aparecen en forma de pajarito. Personalmente es el momento cuando considero mi tarea cumplida, esto vine a dejar. El respeto por el pasado, por el entorno, el conservar los ritmos nativos (como en este caso la chamarrita) y ayudar a los chiquitos a sentir pertenencia territorial.
Este año la Escuela 159 cumple 113 años y mucha gente que pasó por allí sigue vinculada, ya sea porque tiene familiares en la escuela, o simplemente por ser vecina. Sus memorias siempre son bienvenidas.
También ha compuesto muchas canciones vinculadas a la naturaleza. ¿Cómo es ese proceso?
La escuela viene desarrollando desde hace años la llamada “Ruta del Espinillo”, donde la gurisada resiembra y planta, nuevos espinillos, en tiempos donde se ha olvidado la importancia de este árbol nativo.
El trabajo de las maestras nos aportó mucha información sobre su uso medicinal y otras virtudes. Mi tarea fue reunir todo eso y resumirlo desde la mirada de una canción. Con palabras de los propios chiquilines fui armando las estrofas de “El pompón amarillo”.
También surgieron canciones dedicadas a otros árboles nativos, como el timbó o el guayabo del país.
Además del trabajo educativo realiza presentaciones particulares y en eventos. ¿Cómo pueden contactarte?
Sí, también trabajo tocando en vivo en distintos eventos. Me pueden escribir al correo vengatuletra@gmail.com. No uso Instagram, pero sí Facebook, donde me pueden encontrar como Martín Tejera.
Recientemente recibió el premio otorgado por el MEC a la mejor canción infantil “Mañanita fría” …
Sí. Quiero agradecer a mis hijas, a su madre y a toda la comunidad del Oeste. A través de la distinción que recibí por esta canción, otorgada por el Ministerio de Educación y Cultura -Premio Nacional de Música 2025- me han hecho llegar muchísimo cariño, y eso es invaluable.
MAÑANITA FRÍA
Martín Tejera
Mañanita fría, como sol de junio
como el pasto blanco del amanecer.
El ibirapitá del patio de la escuela,
que lo plantó una abuela
Semilla del Paraguay
A la sombra un cardenal quietito
no se asusta ni con los gritos
ni con la estampida rumbo al recreo.
Que si no lo veo
ni yo me lo creo.
Así que lo llevamos para el solcito
y el pajarito dió un aleteo
y como agradeciendo
hasta mi mano voló.
Para mí que era una abuela o un abuelo de la escuela,
que jugaba acá en el patio y ahora vuela.
Cosas que dice la gente, del pasado y del presente.
Entre mate y chocolate bien caliente.
Mañanita fría
como sol de junio
Como el pasto blanco
del amanecer
Cuando sea grande pero ya muy grande
como el pajarito quisiera volver.
