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DICIEMBRE                                              LA PRENSA DE LA ZONA OESTE                                             23 Años informando
          2017                                                                                                                                      29









          de la cañada es la de la vida que por ella, en ella,  Sus aguas transparentes que muchas veces, sin  en ese momento) de los puentes del mundo. Ya
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             Cometeríamos una falta si no mencionamos  “de pesca” que hacíamos a los remansos donde  inmenso mar imparable. Empapado y asustado,
          que en las primeras décadas del siglo XX era  con coladores (sustraídos de la cocina) atados a  corrí y corrí hasta mi casa buscando el calor de
          costumbre que grupos de italianos, generalmen-  un palo, juntábamos suficientes mojarritas como  la cocina a leña y la atención de mi madre. ¿Qué
          te  empleados  de  grandes  casas  comerciales,  para llenar frascos de vidrio que con gran ilusión  si le conté lo que me había pasado? ¡¡Por su-
          usando el Ferrocarril del Norte, llegaban a Paso  llevábamos a nuestra madre para que “nos coci-  puesto que no!! ¿Para qué?  ¡Todavía una paliza
          de la Arena y acampaban precisamente en las  nara pescado”. Nos dio la oportunidad de ser in-   encima! Hasta hoy me pregunto si a Felicia le
          orillas de la bellaca cañada. He visto una foto de  dios (del Siglo XX), pues después de colocarnos  habrá pasado lo mismo.
          uno de esos eventos y me llamó la atención los  las plumas en la cabeza (pobres gallinas), nos     Analizando el relato nos preguntamos ¿Cómo
          varios instrumentos musicales y el hecho que  armábamos con arcos, flechas, lanzas y dardos,  ese niño solo frente a tamaño riesgo? Adelantán-
          estaban todos de cuello y corbata, además que  constituyéndonos en un verdadero Malón que  dome a la respuesta les digo: Era así. Siempre
          no había ninguna dama. Tuve la suerte de ver  asustaba a cualquier desprevenido, siendo ese  andábamos en grupos por diferentes lugares y
          en ella al viejito Toribio, según mi padre me lo  entorno natural, ideal para aquellas correrías.  nuestros padres tranquilos. Esa vez estaba solo.
          señaló. Olvidé lo obvio: Todos con sombrero, y     Nos dejó también la ilusión frustrada de ser
          algún niño, que lo había, con gorra.            ingenieros. Como en aquella época tanto se ha- Amor en la cañada
             Los campos de la familia Peyrá se extendían  blaba de la “gran represa” de Rincón del Bonete,
          desde la margen derecha hasta la calle Edelmi-  nosotros niños y “dueños de nuestro río”, tam-     ¿Y el amor? Exultante expresión de ello y de
          ro Mañé (hoy Mirungá). Su casa aún se mantie-   bién como “grandes ingenieros”  en un estrecha-  vida es la naturaleza en primavera. Las aves con
          ne en Cibils y Mirungá. En esos campos vivía  miento del cauce  construimos la nuestra, cuyas  sus cortejos, las flores, los cultivos, el perfume
          “El Griego”. Para nosotros niños un misterioso  tablas allí quedaron enterradas para siempre.   de azahares, nos envuelven invitándonos a par-
          personaje por varias                                                                                                 ticipar. Nosotros, ya ado-
          razones.                                                                                                             lescentes, algunos más
             Vivía  solo,  ele-                                                                                                creciditos que otros, parti-
          mento  suficiente  en                                                                                                cipábamos de esa fiesta.
          aquella época para                                                                                                   Teníamos nuestro cuadro
          marcar la diferencia,                                                                                                de futbol y como todo,
          aunque no lo crean.                                                                                                  cuando  podíamos  lo  ar-
          Era ermitaño, pues                                                                                                   mábamos y jugábamos.
          no   tenía   vínculo                                                                                                 Una mezcla de decepción
          con sus vecinos. Su                                                                                                  y enojo era cuando al in-
          rancho era  el  único                                                                                                vitar al que era el mejor
          lugar al cual nun-                                                                                                   goleador del cuadro, re-
          ca entramos, ni nos                                                                                                  iteradamente  negaba  su
          acercamos. Estaba                                                                                                    concurrencia. No enten-
          rodeado de transpa-                                                                                                  díamos el por qué, y su
          rentes que impedían                                                                                                  timidez le impedía darnos
          poder  visualizarlo. A                                                                                               explicaciones. Lo que no
          él, sólo lo veíamos                                                                                                  le impedía era irse con su
          cuando    sembraba                                                                                                   proyecto  de  noviecita  a
          maíz,  pero  siempre                                                                                                 pasar idílicos momentos
          desde lejos, no le                                                                                                   en aquel paraíso. Pasó el
          conocimos la cara                                                                                                    tiempo y ese proyecto na-
          ni la voz.  Tampoco                                                                                                  cido a orillas de “la bella-
          se  comunicaba  con                                                                                                  ca” cristalizó en una her-
          nuestros padres. En                                                                                                  mosa familia con hijos,
          suma, para nosotros                                                                                                  nietos y todo lo necesario
          niños, todo un miste-                                                                                                para ser dignamente feli-
          rio el origen y la vida                                                                                              ces.
          de  ese  hombre  que                                                                                                    Pues bien, de diferen-
          ocuparon nuestra nunca satisfecha curiosidad.                                                   tes maneras a través de este relato he querido
             También debemos mencionar que, finalizan- El susto de la crecida                             darles a ustedes, pinceladas sobre una corrien-
          do la década de los cuarenta, un Sr. de apellido                                                te de agua que se encuentra en el lugar donde
          Morixe, instala una planta procesadora de toma-    No todo fue tan lindo. En alguna oportunidad  pasamos nuestra infancia y adolescencia. Histo-
          te llamada Acarú. Vemos sus restos en el cruce  supo darnos miedo. Es que cuando llovía mu-     rias que se corporizan a través de vivencias, en
          de Camino Cibils y la cañada. La hora de entra-  cho, en pocas horas crecía y como la margen  este caso mías, pero que seguramente muchas
          da y salida del personal se marcaba con un pito  derecha era más baja, en algunos sectores se  más las hay y las hubo. ¿Se habrán escrito?
          a vapor que si hoy lo escuchara lo reconocería  inundaba. Un viejo puente hecho con troncos y      Muchas personas ni saben de su existencia.
          al instante. Con ella llegó la automatización al  sin barandas nos permitía cruzar a ese lado. Sa-  Muchos pasan a diario sobre ella en el puente
          barrio, pues tenía una máquina que sellaba las  bíamos cuándo iba a crecer y con mis hermanos  de Camino Cibils y no lo registran. Otros la ven
          latitas, pero… ¡a mano y una a una!             íbamos a ver aquél espectáculo que realmente  sin  que  despierte  en  ellos  ningún  sentimiento.
                                                          asustaba. Toda la parte baja se transformaba en  También  hay  quienes  la  usan  de  basurero,  la-
          ¿Qué nos dejó la cañada?                        un tumultuoso torrente cuyo sonido imitaba al de  mentablemente.
                                                          un mar embravecido. Una vez, luego de horas        En lo personal, aquello ya murió. La necesaria
             Cariño, apego, grata imagen, agradecimien-   de lluvia decidí ir solo a ver aquel siempre reno-  canalización la rectificó en parte, y destruyó sus
          to, todo ello reunido en una sola palabra: nos-  vado espectáculo. Como aún lo permitía crucé  floridas márgenes. Todo lo relatado ya fue. Esas
          talgia. Sólo evocar su nombre nos ilumina la  el mencionado puente hacia la zona baja para  imágenes quedarán en el recuerdo de quienes
          mirada como fiel reflejo de la alegría del alma.  ver mejor cómo venía la crecida viéndome de  las  grabaron,  mientras  vivan,  después…  des-
          Quién  puede  olvidarse  haber  visto  de  lejos  su  repente lejos de él y ya con una lengua de agua   pués: los niños  ahora allí no juegan, ni juntan
          cauce, bordeado de añosos sauces, con aquella  bloqueando mi retorno; aprendí lo que es sentir  flores silvestres para sus madres.
          lengua de tierra formada por la segunda curva,  pánico, sin nadie a quién gritar sabía que que-
          siempre verde siempre fresca, en la cual un ta-  darme  allí  significaba  que  me  ahogaba.  ¡¡Qué
          jamar  oficiaba  de  piscina.  Sus  extensos  cartu-  dirían mis padres!! No había otra alternativa que
          chales,  que teñían de blanco toda la superficie  volver, cosa que hice atravesando unos quince
          a ambos lados del cauce extendiéndose entre  metros de correntada con el agua hasta la rodi-
          el verde follaje, hasta donde la vista lo permitía.  lla, para llegar hasta el más hermoso (para mí                          Rómulo Guerrini





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