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JULIO LA PRENSA DE LA ZONA OESTE 32 Años informando
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S“eSmibmlanzea preguntan por Ernesto…”
Por: Rómulo Guerrini Allí Ernesto siempre se destacó. Tuvo un aquella hermosa pelota REDONDA Y RO-
físico privilegiado desde la adolescencia, lo JA, al grito de: “¡Allá viene el Ernesto!” todo
Si me preguntan por Ernesto, tendría que, sumado a diferentes habilidades, fue- el grupo se unía en algarabía.
tanto que contar que no sabría cómo co- ron construyendo en él ese jugador profe-
menzar. Lo más fácil es relatar el vínculo sional que supo ser. Para cerrar, una anécdota que simboli-
que mantuvimos toda la vida. za un vínculo: como sabemos, Ernesto y el
Jugábamos en la calle, en el Camino Ci- Club Huracán crecieron juntos.
Nacimos en Paso de la Arena, en el viejo bils, pero nuestra “cancha” estaba en la es-
“Camino al Cerro”, hoy llamado avenida Ci- quina de Camino Tomkinson y Cibils. En las prácticas, al caer la tarde, invaria-
bils, en predios linderos en los cuales nues- blemente él abandonaba el campo de juego
tros abuelos se establecieron a finales del Allí había espacio más que suficiente pa- porque tenía que ir a buscar una vaca que
siglo XIX. Nos criamos como todo niño de ra reunir seis u ocho jugadores de cada lado pastaba a orillas de la Cañada Bellaca y lle-
aquellos años y en un medio rural, cultivan- y disputar interminables partidos. varla al establo para su ordeñe.
do la tierra con nuestros padres, cuidando
animales, con la cocina a leña y las costum- Ernesto era nuestro ídolo. Pero no vayan Pues bien, en un partido ya profesional,
bres propias de aquella época. a creer que lo era tanto por sus virtudes fut- jugando en el Estadio Centenario, en un
bolísticas, sino que lo era porque era él el momento de silencio desde el talud de la
Allí crecimos y nos vinculamos con otros único que tenía una ¡PELOTA DE GOMA! Ámsterdam se oye una estentórea voz que
niños que luego serían muchachos, com- Sí, se jugaba con la “de trapo” y había que grita:
partiendo los diferentes juegos de enton- remendarla continuamente.
ces. Pero había uno que predominaba: ju- —¡Ernesto, andá a buscar la vaca!
gar a la pelota. Al verlo venir desde su casa, en el repe- Ese era nuestro querido y eterno amigo
cho de Camino Cibils, corriendo y pateando Walter Jiménez, “el Negro Valeriano”.
La Prensa de la Zona Oeste
acompaña a su familia
Con el fallecimiento de Ernesto Guerrini, Paso
de la Arena y especialmente el Club Huracán, pier-
de a uno de los vecinos protagonista de una parte
muy importante de su historia que trasciende lo de-
portivo. LA PRENSA DE LA ZONA OESTE hace
llegar sus más sinceras condolencias a su familia,
a su primo Rómulo, amigos y seres queridos.
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